Lectionary Commentaries for June 28, 2026
Quinto domingo después de Pentecostés

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Evangelio

Comentario del San Mateo 10:40-42

Moisés Pérez Espino

En los domingos anteriores, los pasajes nos dijeron que Jesús elige a los 12 y les instruye sobre cómo realizar la misión para extender el Reino de Dios, sanando, ayudando, sirviendo y predicando. Les advierte que en algunos lugares serán bien recibidos, pero en otros no.

En los versículos para hoy, Jesús les da una última enseñanza, antes de que los/as discípulos/as vayan a cumplir la misión.

Les habla de quienes recibirán con gusto el mensaje y la recompensa que tendrán, así como de a quién están recibiendo en realidad las personas que acepten entrar al Reino.

Recibir

El verbo “recibir” está repetido, dependiendo de la versión bíblica que usemos, de seis a ocho veces, por lo que toma cierta relevancia. La idea que viene del griego es aceptar, recibir, dar la bienvenida.[1]

Jesús les dice a quienes irán a predicar el Reino: “El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió” (v. 40). Quienes acepten el mensaje que enseñarán, no les están aceptando a ustedes; me aceptan a mí y aceptan a Dios.

Quienes predican, quienes van a hacer misión, son sólo el medio por quien Jesús se acerca a los seres humanos. Cuando una persona acepta el mensaje, recibe a Jesús y recibe a Dios. Las palabras que componen la predicación del Reino son importantes, pero es más relevante el emisor de esas palabras, que es Dios.

La gracia, la salvación, el perdón y la paz que los seres humanos pueden experimentar se origina en Dios, y Dios quiere dar ese mensaje. Por eso se hace carne, como dice Juan 1:14, y enseña con palabras y acciones que Dios desea que cada persona sea valorada y viva con dignidad.

En la propuesta del Nuevo Testamento, en el evangelio de Jesús, se nos habla de un Dios de amor agape, amor misericordioso, amor incondicional,[2] que tanto ama a la humanidad que se hace ser humano en la persona de Jesús y habita en medio nuestro.

Recompensas

Además de vivir en el Reino y gozar de gracia, justicia, amor y salvación, quienes reciban el mensaje obtendrán recompensa. Si los reciben como profetas, tendrán recompensa de profetas, dice Jesús (v. 41a). Esta idea nos hace recordar a la viuda que recibió a Elías, lo trató bien y le dio de comer; tuvo bendición para ella y para su hijo.

Si los reciben como justos, recompensa de justos tendrán, dice Jesús también (v. 41b). La justicia de Dios tiene que ver con tratar con dignidad a los seres humanos[3]—en otras palabras, dar trato de seres humanos, en la conciencia de que son iguales a todas las demás personas. No son menos, ni más; son semejantes.

De eso nos habla el mandato de Jesús de amar al prójimo como a nosotros mismos. Ámale como una persona igual a ti, que está en tu misma condición. Fuimos todos/as creados/as por Dios, sin privilegios ni supremacías. No veas a tu prójimo como inferior; el Creador nos hizo iguales.

Y la justicia de Dios es dar el trato de ser humano a todos/as. No premiar o dar lo que merece, sino dar lo que le hace falta para que recupere la dignidad de ser humano, la dignidad con la que fue creado.

Los pequeños

También les dice Jesús que recibirá recompensa quien le “dé a uno de estos pequeños un vaso de agua fría” (v. 42). ¿A quiénes se refiere con “pequeños”? Está hablando de los discípulos que irán a compartir el evangelio del Reino. ¿Por qué les llama pequeños?

Después de compararlos con profetas y hombres justos, ahora les llama pequeños. Elsa Tamez dice que se refiere al tamaño de la comunidad de creyentes, que además están siendo perseguidos por quienes se sienten incomodados por las enseñanzas de justicia, amor, ayuda, bendición y paz de Jesús.[4]

Si son pocos y están siendo perseguidos, quien les dé agua para beber está teniendo compasión de ellos y reconociendo la importancia de una invitación a un espacio de igualdad y de bendición.

Hacia la predicación

Ser portadores del mensaje del evangelio es una gran bendición. A través de esos mensajeros Dios se comunica con los seres humanos.

El mensaje del evangelio es una invitación a vivir en un espacio de justicia, amor, misericordia, paz y ayuda mutua. Ese espacio es conocido como el Reino de Dios.

Quienes acepten la invitación tendrán bendiciones por cuanto están recibiendo a los/as portadores/as del mensaje de salvación de parte de Dios.

Al aceptar la invitación, aceptamos formar parte de un grupo pequeño que será perseguido por practicar el amor misericordioso, por ayudar mutuamente, por practicar el perdón y por contribuir a que todas las personas vivamos con dignidad. Será perseguido por ir contra la sociedad y por mostrar un camino alterno a la violencia y egoísmo que se viven hoy.

El llamado a ser mensajeras y mensajeros del evangelio del Reino no es a construir templos grandes y lujosos y a llenarlos de personas. El llamado es a crear espacios de ayuda, de solidaridad y de justicia, dónde todas y todos seamos importantes y nos ayudemos unos a otros a vivir con dignidad.

Bibliografía

Coenen, Lothar et al. Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, 4 Tomos. Ed. Sígueme: Salamanca, 2009.

Pérez Millos, Samuel. Comentario Exegético al texto Griego del Nuevo Testamento, Mateo. Ed. Clie: España, 2009.

Tamez, Elsa. “La revelación de estas cosas a los más pequeños.” Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana RIBLA. Ed. RECU. N.º 50 Año 2005, Tomo I, 77 a 81

Zumstein, Jean. Mateo el teólogo. Cuadernos Bíblicos N.º 59. Ed. Verbo Divino: Navarra, 1987.


Notas

  1. Déchomai en el original griego, que significa recibir, aceptar, dar la bienvenida.  Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, Tomo IV, 24.
  2. Agápē en el original griego, que significa amor misericordioso, amor sacrificial, amor de pensar en el otro. Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, Tomo I, 113.
  3. Dikaiosýnē en el original griego. Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, Tomo II, 407.
  4. Elsa Tamez, “La revelación de estas cosas a los más pequeños.” RIBLA 50, 80.