Estamos escuchando la enseñanza de Jesús sobre el reino, la plática que empezó con las bienaventuranzas. Él ha revelado un mundo diferente, presente con nosotros/as como una oportunidad, llamada y promesa, y en los siguientes versículos continuará destacando la naturaleza de este nuevo mundo y lo que exige de sus ciudadanos/as.
El pasaje para hoy habla de la relación entre el reino y la ley mosaica, así como del impacto de los miembros del reino de Dios en el mundo carnal en que viven. El párrafo sobre la ley es el principio de una serie de instrucciones éticas que plantean un desafío para cualquier persona que sea honesta consigo misma. Jesús enfatiza el valor absoluto y permanente de cada parte de la ley en el reino. Y después Jesús hace más estricta la ley, demandando no solamente acciones correctas sino corazones perfectos. Quienes obedecen a su ley, ya no insultan a otras personas, ni ven a sus prójimos como objetos sexuales, sino que aman a sus esposos/as toda la vida, perdonan generosamente, no juzgan a nadie, dan a todos/as lo que quisieran recibir de ellos/as, aman hasta a sus enemigos y no andan preocupados por nada.
Todo se resume en el versículo 48: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” Podemos imaginar que, si todo el pueblo alcanzara este nivel de perfección, tendríamos una sociedad maravillosa. Jesús dijo que, si alcanzáramos este nivel de carácter y acción, seríamos efectivamente sal y luz en el mundo. Sal de la que da buen sabor a la vez que preserva la calidad de la comida. Luz que hace posible ver el camino y realizar todas las actividades más importantes. Claro que los seres humanos que llegaran a manifestar este nivel de amor e integridad serían una bendición para el mundo, clarificando lo bueno y protegiendo del mal.
Solo hay un problema. No hay ser humano perfecto sino Jesús. ¿Por qué Jesucristo puso un estándar que no se puede alcanzar? Martín Lutero tenía una respuesta para esta pregunta. Tanto en el Catecismo Mayor, en la explicación de cada uno de los diez mandamientos, como en los Artículos de Esmalcalda,1 Lutero nos deja en claro su creencia de que la ley es un espejo que nos revela la imposibilidad de obedecer la ley y nos hace conscientes de nuestra dependencia de Cristo. La ley también puede ser una guía para el comportamiento de la persona cristiana que quiera servir a Dios y a su pueblo por su gratitud a él por su gracia.
¿Qué significa en nuestras vidas recibir la visión de rectitud que Jesús proclama en estos versículos? ¿Qué puede producir en nosotros/as? En el medio de la crisis en la que muchos/as nos encontramos, la tentación es la desesperación. Se siente que no hay nadie bueno, particularmente si tiene poder. Se siente que, en medio de las batallas diarias que nos rodean, no hay un camino alternativo. Aun ciertos líderes religiosos no son inmunes a la corrupción.
La visión que Jesús expone es una visión que él mismo encarnó. Tener un líder con ese carácter y, sobre todo, con autoridad eterna, puede ser un gran consuelo. Cuando nos demos cuenta de su gracia para con nosotros/as como pecadores/as, nos hará tener gracia para con nuestros enemigos y generará en nosotros/as esperanza para el crecimiento, la paz y la reconciliación que anhelamos. A la vez, la llamada a unirnos a él como las ramas que están unidas a la vid nos da la esperanza de que podremos experimentar (un poco al menos) el cumplimiento de esta visión. Yo espero que podamos tener un impacto en este mundo como sal y luz. Esta esperanza es lo opuesto al sentido de impotencia que muchos sienten hoy en día.
Notas
Martín Lutero. Artículos de Esmalcalda (1536). Parte III: Artículo II. De la Ley: 4. Libro de Concordia. Ed. Andrés A. Meléndez. St. Louis, MO: Concordia Publishing House, 2017.
Estamos escuchando la enseñanza de Jesús sobre el reino, la plática que empezó con las bienaventuranzas. Él ha revelado un mundo diferente, presente con nosotros/as como una oportunidad, llamada y promesa, y en los siguientes versículos continuará destacando la naturaleza de este nuevo mundo y lo que exige de sus ciudadanos/as.
El pasaje para hoy habla de la relación entre el reino y la ley mosaica, así como del impacto de los miembros del reino de Dios en el mundo carnal en que viven. El párrafo sobre la ley es el principio de una serie de instrucciones éticas que plantean un desafío para cualquier persona que sea honesta consigo misma. Jesús enfatiza el valor absoluto y permanente de cada parte de la ley en el reino. Y después Jesús hace más estricta la ley, demandando no solamente acciones correctas sino corazones perfectos. Quienes obedecen a su ley, ya no insultan a otras personas, ni ven a sus prójimos como objetos sexuales, sino que aman a sus esposos/as toda la vida, perdonan generosamente, no juzgan a nadie, dan a todos/as lo que quisieran recibir de ellos/as, aman hasta a sus enemigos y no andan preocupados por nada.
Todo se resume en el versículo 48: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” Podemos imaginar que, si todo el pueblo alcanzara este nivel de perfección, tendríamos una sociedad maravillosa. Jesús dijo que, si alcanzáramos este nivel de carácter y acción, seríamos efectivamente sal y luz en el mundo. Sal de la que da buen sabor a la vez que preserva la calidad de la comida. Luz que hace posible ver el camino y realizar todas las actividades más importantes. Claro que los seres humanos que llegaran a manifestar este nivel de amor e integridad serían una bendición para el mundo, clarificando lo bueno y protegiendo del mal.
Solo hay un problema. No hay ser humano perfecto sino Jesús. ¿Por qué Jesucristo puso un estándar que no se puede alcanzar? Martín Lutero tenía una respuesta para esta pregunta. Tanto en el Catecismo Mayor, en la explicación de cada uno de los diez mandamientos, como en los Artículos de Esmalcalda,1 Lutero nos deja en claro su creencia de que la ley es un espejo que nos revela la imposibilidad de obedecer la ley y nos hace conscientes de nuestra dependencia de Cristo. La ley también puede ser una guía para el comportamiento de la persona cristiana que quiera servir a Dios y a su pueblo por su gratitud a él por su gracia.
¿Qué significa en nuestras vidas recibir la visión de rectitud que Jesús proclama en estos versículos? ¿Qué puede producir en nosotros/as? En el medio de la crisis en la que muchos/as nos encontramos, la tentación es la desesperación. Se siente que no hay nadie bueno, particularmente si tiene poder. Se siente que, en medio de las batallas diarias que nos rodean, no hay un camino alternativo. Aun ciertos líderes religiosos no son inmunes a la corrupción.
La visión que Jesús expone es una visión que él mismo encarnó. Tener un líder con ese carácter y, sobre todo, con autoridad eterna, puede ser un gran consuelo. Cuando nos demos cuenta de su gracia para con nosotros/as como pecadores/as, nos hará tener gracia para con nuestros enemigos y generará en nosotros/as esperanza para el crecimiento, la paz y la reconciliación que anhelamos. A la vez, la llamada a unirnos a él como las ramas que están unidas a la vid nos da la esperanza de que podremos experimentar (un poco al menos) el cumplimiento de esta visión. Yo espero que podamos tener un impacto en este mundo como sal y luz. Esta esperanza es lo opuesto al sentido de impotencia que muchos sienten hoy en día.
Notas