< October 31, 2010 >

Comentario del San Lucas 19:1-10

 

Una interpretación común de este pasaje presume que Zaqueo es un pecador que se arrepiente y experimenta una transformación total como resultado de su encuentro con Jesús.

Interpretación de la Lectura
Muchas veces esta interpretación sitúa los últimos versículos de la perícopa dentro de la casa de Zaqueo, pero este escenario presenta dificultades (¿por qué estarán los "todos" del v. 7, la "multitud" del v. 3, dentro de la casa?). Esta interpretación es atractiva y convincente, pero pierde el desafío verdadero que nos presenta San Lucas.1

Zaqueo "era jefe de los publicanos, y rico" (v. 2). Esta breve descripción es suficiente para indicarnos que Zaqueo no era una persona simpática según los judíos en Jericó, la ciudad donde Zaqueo vivía y trabajaba (vv. 1, 5-6). Un jefe de publicanos pagaba bastante dinero para obtener el derecho a recaudar los impuestos indirectos (peajes, tarifas, aduanas, etc.). Entonces recaudaba los impuestos para recuperar el gasto y además sacar un provecho. La gente consideraba que los publicanos eran pecadores, sin duda porque muchos de ellos abusaban del sistema. Los conciudadanos de Zaqueo seguramente suponían que había adquirido su riqueza por medio de la extorsión de la gente.

A pesar de su profesión y la reputación que conllevaba, el Zaqueo que encontramos en la narración no es una persona odiosa. La visita de Jesús a su pueblo lo anima a hacer lo necesario para ver al hacedor de milagros que proclamaba la salvación a quienes superaban obstáculos naturales y puestos por seres humanos (véase Lc 18:35-43). Los maravillosos detalles de la narración -- su altura que es un impedimento para su meta; el hecho de que se va corriendo delante de la multitud y se encarama en un árbol -- expresan el entusiasmo de Zaqueo en una forma memorable y encantadora (vv. 3-4). Aunque no es una persona simpática a los ojos de los residentes de Jericó, Zaqueo gana nuestro apoyo en apenas los primeros cuatro versículos de la lectura. Lo suyo no es una simple curiosidad; él es sincero en su deseo de ver a Jesús. Sus acciones captan la atención de Jesús (v. 5), y el texto nos narra la alegre reacción de Zaqueo (v. 6).

No tan alegres están los testigos de este encuentro, quienes murmuran y se quejan de que Jesús vaya a alojarse en la casa de Zaqueo (v. 7; cfr. Lc. 5:30; 15:2). Esto nos recuerda las reacciones negativas hacia las obras liberadoras de Dios de parte de algunos de los Israelitas mientras peregrinaban en el desierto (Dt 1:27; Sal 106:25). Según estos testigos, afectados por su animosidad contra los publicanos, Zaqueo es un pecador que no merece la visita de Jesús.

Sabiendo que la gente está en contra de él, Zaqueo se defiende. Poniéndose de pie, Zaqueo anuncia que dona la mitad de sus riquezas a los pobres y que si ve que ha defraudado a alguien, de buena gana ejecutará la restitución según las regulaciones estipuladas en la Torá y exigidas por el Rey David (Lc 19:8; Ex 22:1; 2 Sam 12:1-6). La respuesta de Zaqueo es muy devota (llama a Jesús "Señor" [kyrios]). Es pronunciada en tiempo presente ("doy [didomi] a los pobres...devuelvo [apodidomi] cuadruplicado"), y por consiguiente, no declara lo que hará en el futuro, sino lo que ya hace. Sus palabras no implican que él practique la extorsión de manera intencional ni habitual, sino que repara la ofensa si se da cuenta de que una transacción injusta ha ocurrido por su culpa. La gente presume que Zaqueo es pecador, pero él nunca pide perdón, como hace el publicano de la parábola de Jesús (Lc 18:13). Hasta su nombre refuerza su honor; "Zaqueo" es un nombre hebreo que significa "puro, inocente."

Jesús le toma la palabra a Zaqueo, y frente a la gente, que no está dispuesta a aceptar a Zaqueo como uno de los suyos, llama a Zaqueo "hijo de Abraham." A pesar de ser jefe publicano y judío (como lo indican su nombre y sus acciones de restitución cuando necesario), Zaqueo no ha sido desheredado de las bendiciones prometidas a Abraham. La palabra "hoy" (semeron) es empleada especialmente en puntos claves del tercer evangelio para introducir la llegada de la salvación de Dios (p.ej., 2:11; 4:21; 23:43). Aunque la venida del Hijo del hombre se ha retrasado (17:20-37), la salvación de Jesús está disponible hoy mismo para todos y todas, hasta las personas más perdidas y despreciadas (como fue Zaqueo) (vv. 9-10).

El indicio para entender la intención de San Lucas en este texto es la presencia de la multitud. La multitud es el obstáculo que obstruye a Zaqueo cuando trata de ver a Jesús, y la multitud es la que se enoja cuando Jesús opta por quedarse con Zaqueo. Para la multitud influenciada por sus prejuicios, es imposible pensar que Zaqueo fuera un hombre tan justo. La declaración de Jesús en los vv. 9-10 vindica a Zaqueo y es últimamente dirigida hacia la multitud. La enseñanza de este episodio es para la multitud, que es desafiada a aceptar que la salvación también es para Zaqueo y los personajes a quienes ellos desdeñan.

Sugerencias para la Predicación
Para la predicación, uno podría empezar explicando la interpretación común, la cual quizás muchos creyentes presumen como válida, para pasar seguidamente a detallar la interpretación aquí compartida. Se podría preguntar por qué somos tan listos para ver a Zaqueo como pecador. ¿Será porque es difícil aceptar que Jesús, el defensor supremo de los pobres y marginados, aquí vindique a una persona rica? Por buenas razones, la interpretación común es muy popular; es más agradable la historia de la transformación y salvación de un pecador. Es mucho más fácil solidarizarnos con un Zaqueo pecador que encuentra a Jesús y cambia su vida. Mucho más difícil es aceptar que frecuentemente desempeñamos el papel de la multitud y pretendemos dictar quién es elegible para la salvación y quién no lo es.

También uno podría explorar las razones por las que Zaqueo es vindicado y salvado por Jesús, aun siendo rico. Él comparte su riqueza (¡la mitad de ella!) con los pobres. En el tercer evangelio, la riqueza es un obstáculo tremendo para la salvación. Pero Zaqueo lo supera, y entonces nos demuestra que uno puede ser rico y ser salvado. Es cuestión de lo que uno hace con sus riquezas (cfr. 12:16-21; 16:19-31; 18:18-27).

 


1 Para una discusión de esta perícopa y la historia de su interpretación, véase Joseph A. Fitzmyer, The Gospel According to Luke (X--XXIV) (Anchor Bible 28A; New York: Doubleday, 1985), 1218-1227.