< July 16, 2017 >

Comentario del San Mateo 13:1-9, 18-23

 

Este es un pasaje conocidísimo, y es probable que mi lector/a haya predicado sobre este pasaje antes.

Del verso 1 al verso 23 se produce una especie de sándwich (emparedado) literario, de donde surgen nuestras lecturas para hoy: primero la presentación original de la parábola, y luego su explicación. Lo que está en medio de este sándwich es una explicación de por qué Jesús le habla a la gente por medio de parábolas y por qué se da a la tarea de explicarles a los discípulos en privado lo que significan.

Nuestra parábola muestra un cuadro de un sembrador contemporáneo de Jesús. Tal cuadro en una sociedad agraria era, presumiblemente, bien conocido para los oyentes de Jesús. Su método consiste en tirar la semilla en el área donde le parece que germinará. Y siembra para poder cosechar fruto. Pero la semilla cae en diferentes lugares: junto al camino, en pedregales, entre espinos, y, por fin, alguna semilla cae en tierra buena que da fruto. Según Michael Knowles, catedrático en MacMaster Seminary en Canadá, en el tiempo de Jesús prácticamente ninguna tierra producía a 30, a 60 y mucho menos a 100 por uno.1 ¡Hasta el 30% era una cosecha muy abundante! Así que las personas que oyeron a Jesús probablemente sabían que se trataba de una cosecha exageradamente grande. Pero ¿qué significa todo eso? ¿A qué se refiere Jesús con esta parábola? 

Cómo Usa Jesús las Parábolas

Tres cosas parecen describir cómo Jesús usa las parábolas:

  1. Jesús usa las parábolas después de haber ministrado más claramente su mensaje y después de repetidas ocasiones en las que ha sido rechazado o acusado de echar fuera demonios por el poder del príncipe de los demonios. O sea, ya Jesús ha ministrado la palabra con anterioridad de manera más directa. Ahora, tras haber sido repetidamente resistido, especialmente por el liderato religioso de su tiempo, Jesús opta por usar parábolas: estas ilustraciones/casi cuentos que Jesús usa para interesar a sus oyentes, obligándolos/as a pensar en lo que él decía para descifrar su significado. 
  1. Las parábolas eran interesantes. Sus oyentes escuchaban con atención y entusiasmo. Si bien había una cierta animosidad contra Jesús por sus palabras sobre el Reino de Dios, los evangelios no indican que los/las oyentes dejaran de interesarse en lo que Jesús tenía que decir. Los cuadros verbales que pintaba Jesús cautivaban la imaginación y el interés de los/as oyentes, aunque quizás no entendieran las profundas implicaciones de lo que Jesús decía. 
  1. Las parábolas requerían un esfuerzo de parte de los/as oyentes para entenderlas. Es como si Jesús hubiera pensado: “Ya que no reciben lo que les digo claramente, van a tener que prestar atención a mis pequeños cuentos, a ver si su imaginación se enciende con lo que les digo, y encuentran arrepentimiento y fe.” Y sí, las parábolas requieren esfuerzo para ser entendidas y aplicadas. 

La Semilla

¿Qué es la semilla sembrada? Me parece que hay tres formas posibles de entender lo que son las semillas:

  1. La semilla es la palabra de Dios; o sea, las palabras que Jesús predicaba. 
  1. Las semillas son las personas que oyen las palabras de Jesús, reaccionando de diferentes formas a esa palabra. 
  1. La semilla podría referirse a la situación total en la que esta palabra es sembrada en los/as oyentes. En este caso, Jesús no estaría describiendo la situación de cada persona reaccionando a la palabra de Dios; Jesús estaría describiendo cada uno de estos cuatro cuadros.

Me parece que, aunque la semilla como palabra (1) y la semilla como personas (2) sean opciones persuasivas, la parábola tiene el interés de llevar un mensaje indirecto a través de una presentación de un cuadro, no meramente de piezas que se juntan. Creo que lo que constituye la semilla sembrada es la situación de cada uno de los cuatro cuadros. 

Terrenos

Nuestra parábola plantea tres posibilidades donde la semilla no da el fruto esperado: el caso en que el diablo arrebata la palabra; el caso de quien responde muy rápido sin echar raíces; y el caso de quien después de un tiempo de aparente crecimiento, deja la palabra, víctima de los problemas y presiones de la vida. Mi primera reacción ante esta parábola es querer ser buena tierra; no quiero ser uno de los tres que pierden la oportunidad de ser fructífero/a, sino alguien que da fruto para Dios.

El antes mencionado Michael Knowles insiste en la idea de que es Dios quien da el crecimiento.2 Ni siquiera Jesús, el mejor predicador del mundo, lograba la conversión de todos sus oyentes. Hay cierto misterio en por qué dos oyentes oyen el mismo mensaje, respondiendo de forma diferente: una de las personas recibe a Cristo y es trasformada, mientras que la otra sólo oye, y no logra conocer al Dios de amor. Los/las predicadores/as trabajamos en este misterio, compartiendo la palabra, pero en última instancia, es Dios quien da la palabra y la hace crecer en los corazones. Y eso debe llenarnos de humildad, reconociendo que es Dios quien prospera su obra y su palabra. 

Posibilidades Homiléticas

Predicar sobre este pasaje debe mostrar a los/as oyentes el deseo de Dios de bendecir y transformar nuestras vidas para bien. También debe insistir en que nuestra respuesta humana a esta palabra es fundamental a los efectos del beneficio que obtengamos de ella. Esto debe animar a los/as oyentes a poner empeño en escuchar con atención una palabra que es vida cuando se la atiende, entiende, cree y practica, pero es muerte cuando se la desatiende.

Por otro lado, esta parábola también debe animarnos a acercarnos a Jesús que es quien tiene el conocimiento cabal de lo que significa. Fueron los discípulos quienes se acercaron para preguntarle a Jesús. Jesús no les explicó hasta que preguntaron. Quizás esta es nuestra necesidad también: la de preguntarle al maestro que esconde con parábolas por un rato, pero que está dispuesto a mostrar a quien le pregunta qué es lo que ha querido decir.  Amén.


Notas:

1. Michael Knowles, "Sowing Seeds: A Parabolic Homiletic,"Canadian Theological Review, Number 1 Spring 2012, Canadian Evangelical Theological Association, 56-57.

2. Ibid., 63.