< January 01, 2017 >

Comentario del San Mateo 2:13-23

 

Del Encuentro al Desencuentro

Después de la visita de los sabios a María, José y Jesús, un encuentro en donde se involucran de nuevo los elementos de la creación, como la estrella que anuncia el lugar donde se albergaban, el texto nos lleva a una narración violenta, una situación extrema en la que el poder del Rey Herodes muestra hasta su máxima expresión el horror de caer en sus manos. 

El encuentro de los sabios con la familia de Jesús seguramente fue muy placentero. ¿Podemos pensar en un espacio de ternura? Una buena plática, una deliciosa comida, un tiempo de compartir experiencias y testimonios, y la entrega de unos regalos interesantes para la familia. 

Tristemente, al retirarse los sabios, el Rey Herodes inicia una campaña de eliminación de niños varones, con el fin de matar a aquel pequeño por el que habían venido los sabios. Y es entonces cuando la historia se torna violenta; el poder en pleno ejecuta acciones que hacen imposible la vida en el área de Palestina para las familias con hijos pequeños. 

Del encuentro al desencuentro, de un núcleo de apoyo a una explosión de desencuentro. Triste realidad, triste amanecer; de tener todo, ahora no se tiene nada. 

La Huida

Por supuesto que en la historia Dios protege a sus personajes; un ángel le habla en sueños a José y le explica que tienen que huir a Egipto para cuidar sus vidas. Al despertar, José camina a Egipto con su familia, donde quedaría resguardada por algún tiempo. 

Es posible que hubiera más familias que hicieron el mismo recorrido, que existieran redes solidarias entre mujeres y hombres que se enlazaron para protegerse y encontrar el camino de salida de un país que había sido su refugio por mucho tiempo. 

Pero podemos pensar que también hubo muertes, muchas muertes injustas de pequeños que sufrieron las aplastantes decisiones de una estructura que no soportaba la idea de que existiera otro líder. 

Es triste pensar que no todos pueden sobrevivir en medio de tanta injusticia, y también es triste observar que otros tantos tienen que moverse de su lugar de origen en búsqueda de algo mejor. 

¿Será que esta reflexión nos puede llevar a pensar en las y los migrantes que hoy día se mueven buscando un espacio mejor para sus vidas? ¿Cuáles son las redes solidarias para ayudar a estas hermanas y a estos hermanos nuestros obligados a caminar senderos dolorosos en la esperanza de algo mejor? 

Egipto, Tierra de Refugio

Es lindo observar que siempre surge la esperanza. ¿A dónde huir? ¿Hacia dónde dirigir los pasos? Egipto es el lugar que representa la tierra segura. El mismo Egipto, que en varios eventos había sido un espacio de opresión, y del cual habían huído los hebreos, ahora era un lugar seguro. 

Es muy posible que existieran familias en común, amistades largas que habían perdurado a lo largo de los años y las generaciones, y que estuvieron dispuestas a recibir a un gran número de migrantes. Dichas familias ofrecieron comida, techo, una cama y brazos solidarios que contuvieron el dolor y el horror vividos durante la huida. 

Ante la miseria ocasionada por los poderes aplastantes, el evento comunitario ofrece una resistencia. Se puede soportar lo peor si se comparten los dolores y las lágrimas. Alrededor de una mesa, comiendo el pan y la sal juntos y juntas, podemos entender lo que pasa y seguir soñando con un tiempo mejor. 

¿Y nuestro Egipto?

Estamos iniciando un nuevo año y podemos preguntarnos: ¿A dónde iremos? ¿Cuál será nuestro Egipto? ¿O será que nosotras y nosotros seremos el Egipto para quienes buscan y necesitan un espacio de contención? 

Es posible que necesitemos buscar un tiempo para sanar nuestros dolores, para pasar nuestros duelos, para estar acompañados y ser ayudados. Esto siempre es posible; reconocer que necesitamos manos que nos soporten con amor y confianza. 

Pero también es probable que nuestras comunidades sean esos “Egiptos” que mujeres y hombres necesitan para descansar. Tal vez nuestras familias tengan que ser esa tierra firme para los y las migrantes de hoy. 

Egipto representó para muchos y muchas un espacio temporal, donde no se establecieron para siempre, sino que sólo les sirvió para tomar fuerzas y regresar a la resistencia; regresar a reconocer terreno y recuperar historias y memorias colectivas, e insistir en una forma de vida común. 

El Regreso a Nazaret

¿Regresar? ¿Será posible regresar a un lugar de donde se huye? María, Jesús y José regresaron a Nazaret, siempre guiados por el ángel del Señor. 

La situación no era la mejor; reinaba Arquelao, el hijo de Herodes, y esto no garantizaba que las cosas serían estables. De todos modos, insisten en quedarse en su país. Nazaret sería el espacio para que Jesús se formara como líder, acompañado por su madre y su padre, así como por maestros y la comunidad entera; todos contribuirían a educarlo. 

También en la vida podemos encontrarnos con un espacio llamado “Nazaret;” ese que dentro de las peores adversidades se erige como un lugar de solidaridad y alimenta la esperanza y el deseo de paz. 

¿Son nuestras comunidades de fe ese “Nazaret” para las mujeres y hombres de nuestras sociedades? ¿Preparamos a líderes que tengan una voz profética a favor de la justicia y la paz? ¿Estamos dispuestos a comenzar este año como agentes de cambio hacia la misericordia? 

Sea, pues, este año nuevo el encuentro y desencuentro de muchas experiencias; que sea este año el ir y venir, recorriendo senderos de huida, así como senderos de regresos. Sea este año nuevo el espacio de nuestros “Egiptos y Nazarets,” en los que podamos encontrar el descanso y el crecimiento para continuar proclamando el evangelio con voz profética. 

¡Adelante con la cabeza erguida! El ángel del Señor está con nosotras y nosotros para guiarnos hacia rumbos conocidos o desconocidos. El ángel del Señor construye a nuestro lado las redes de ayuda y solidaridad. No estamos solos ni solas; el camino se construye en comunidad.