< December 25, 2016 >

Comentario del San Lucas 2:[1-7] 8-20

 

Afirmamos que el nacimiento de Jesús anuncia el comienzo del establecimiento de un reino de paz. Pero, ¿es esto en realidad lo que hemos vivido hasta el día de hoy?

En la narración del nacimiento de Jesús en el evangelio de San Lucas leemos en detalle sobre lo que aconteció. El relato comienza con el contexto histórico, haciendo referencia a un censo del pueblo que lleva a la familia de José y María a trasladarse hasta Belén para ser registrados. En este contexto, nos relata el evangelista, María da a luz a Jesús en Belén de Galilea.

La fe cristiana afirma que Jesús es el Príncipe de Paz. La profecía de Isaías 9:6—aunque históricamente no haya sido así—es interpretada por las comunidades cristianas como una proclamación del tipo de ministerio que Jesús ha de encarnar. En ella leemos: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre ‘Admirable, Consejero,’ ‘Dios Fuerte,’ ‘Padre Eterno,’ ‘Príncipe de Paz.’” El evangelista confirma esto cuando en el anuncio a los pastores (v. 14) revela que el mensaje es de paz en la tierra.

El relato de San Lucas tiene varios aspectos importantes en los que se puede hacer hincapié. Quien predica en este día de la Navidad puede enfocarse en la responsabilidad familiar mostrada por José (vv. 1-5), o en el humilde pesebre en el que Jesús es puesto al nacer (v. 7), o quizás en el llamado a no temer que el ángel les dirige a los pastores (vv. 10-11). Por mi parte, quisiera llamar la atención sobre dos aspectos importantes de la perícopa; uno explícito y otro implícito.  

La Madre de Jesús – Aspecto Explícito

El aspecto explícito del texto tiene que ver con la frase utilizada por San Lucas en el v. 19: “Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.” ¿Qué nos quiere comunicar el evangelista con esto? Algunas personas eruditas han puntualizado que esta frase puede indicar una forma sutil de dejarle saber a la lectora y al lector que San Lucas utilizó fuentes primarias para sus relatos acerca de la vida de Jesús (el evangelio) y de los Apóstoles (Hechos).

Creo que es una hipótesis interesante, pero más que esto me intriga el hecho de que María hubiese guardado todas las cosas que sucedieron en esos años desde el anuncio de su embarazo hasta la proclamación de la resurrección de Jesús.

María, como depositaria de la bendición de traer la manifestación de Dios al mundo, guarda estas cosas dentro de su corazón. En nuestras comunidades de fe siempre es más común ver mujeres que hombres. ¿Qué cosas guardan en sus corazones las “Marías” de nuestras congregaciones? ¿Qué mensajes de esperanza y vida llevan estas servidoras que quizás nuestra cultura machista y misógina no les ha permitido compartir? La Natividad de Nuestro Señor es la celebración de un Dios tan ligado a la liberación de la humanidad que está dispuesto a hacerse humano. La predicadora y el predicador pueden centrarse en el mensaje de las “Marías” que guardan todas estas cosas en sus corazones para llamar a la iglesia a escuchar sus voces. 

La Ciudad de Belén – Aspecto Implícito

Por otra parte, hay un aspecto implícito en el que nos podemos enfocar. La ciudad de Belén sigue siendo un lugar habitado. Hoy día este pequeño pueblo al sur de Jerusalén es parte de los territorios ocupados de Palestina. A su alrededor existe una muralla que separa a los habitantes de Belén tanto de otras personas palestinas como de sus vecinos israelíes.1

Recientemente en nuestro ministerio nos visitaron dos familias: una israelí y una palestina. Ambas familias perdieron a sus hijas preadolescentes por causa del conflicto entre los estados de Palestina y de Israel. La familia israelí perdió a su hija por un carro-bomba que explotó justo cuando su camión de la escuela pasaba cerca. La familia palestina perdió a su hija por las balas de soldados israelíes que dispararon a su auto sin razón. Ambas familias—junto a otras—son parte de una organización de familiares que han perdido seres amados en el conflicto entre las dos naciones2 y que buscan formas de reconciliación y paz.

La familia palestina—George y Najwa Sa’adeh—es una familia cristiana de Belén. No son conversos al cristianismo, sino cristianos de muchísimas generaciones; quizás desde el comienzo de nuestra fe luego de la resurrección de Jesús. Pero ellos no viven en la Belén relativamente pacífica del tiempo de María y José. Los Sa’adehs viven en una Belén cercada por una muralla, con soldados que tienen la orden de matar inclusive a niños y niñas que se acerquen a la muralla. En fin, aunque esta familia palestino-cristiana vive en el mismo lugar donde nació el Príncipe de Paz, no ha podido experimentar esa paz que se supone que llegaría con su nacimiento.  

Esta lectura del evangelio de San Lucas puede ser un buen momento para reconsiderar nuestro compromiso con la paz. Quien predica puede centrarse en el contraste entre el mensaje que los pastores reciben esa noche y el mensaje que las familias del Belén moderno escuchan cada noche. ¿Qué está haciendo la iglesia hoy en día para ayudar a traer la paz? ¿Qué historias estamos escuchando y con quiénes nos estamos alineando para hacer que tanto nuestras comunidades como las tierras que vieron nacer a Jesús sean lugares de paz y reconciliación? ¿Dónde están los ángeles que proclamaron paz a los pastores de Belén?

Entiendo que este puede ser un buen momento para avivar el compromiso de la iglesia de ser el instrumento que proclame la paz y la reconciliación en las alturas, en la tierra, y a todos los hombres y mujeres, haciendo uso de las palabras de los ángeles. 


1. Es importante señalar que “judío” es quien practica la fe judía, “israelita” es el pueblo bíblico de Israel e “israelí” es el ciudadano del estado moderno de Israel, que ocupa las tierras que en algún momento fueron del estado de Palestina y que hoy se dividen entre dos naciones.

2. Puede leerse más acerca de estas dos familias en particular y de sus historia, así como de la organización en la que participan, The Parents Circle, en este enlace.