< November 27, 2016 >

Comentario del San Mateo 24:36-44

 

Cambio Climático y Cómo Robarle a Dios 

Muchas veces dentro de nuestras comunidades de fe se establecen debates realmente muy poco realistas, alejados de las preocupaciones urgentes relacionadas con la vida cotidiana de las personas que nos rodean o de la sociedad en la cual vivimos. Indudablemente Jesús de Nazaret también se enfrentó en su tiempo a estos debates abstractos y de muy poca utilidad dentro del núcleo de sus primeros discípulos. 

El tema del inminente regreso de Jesús de Nazaret era un sentimiento compartido que, como lo demuestra el diálogo que encontramos en este texto, puede conducir a un debate que no tiene una única respuesta. El centro del mensaje está enfocado en la necesidad de estar atentos y muy despiertos en la consideración tanto de la realidad dentro de nuestra comunidad como del contexto en el cual estamos llamados y llamadas a vivir la misión y el testimonio. El desafío no es conocer el día y la hora del final de la historia, sino el sentido de nuestra presencia en esa historia dinámica y cambiante como discípulos y discípulas de Aquel que se entrega como el Alfa y la Omega (Ap 1:8) y que da sentido a ese acontecimiento. 

Cambio Climático y Final de los Tiempos

Es interesante y útil para nuestro tiempo considerar todo el diálogo en la perspectiva del recuerdo de Noé, de su generación y el diluvio. El primer sentimiento que se nos presenta es el de asumir que todas y todos estamos frente a un peligro inminente que se agrava si no sabemos leer los signos de los tiempos. Ahora que hablamos con preocupación del cambio climático, o del efecto invernadero, y de toda la problemática  relacionada con el agua como posible elemento de conflicto, recordar a Noé, su generación y su tiempo es un muy buen recurso para la reflexión y la  proclamación. 

En nuestro contexto histórico, esta referencia bíblica adquiere una dimensión nueva e insospechada. Nuestra propia generación está recorriendo un camino similar al de los contemporáneos de Noé y esta circunstancia es toda una ironía. La falta de una respuesta urgente y efectiva, y el hecho de que vivamos con un espíritu totalmente despreocupado la crisis que enfrentamos a breve plazo, también puede estar acercando al final a nuestra generación, pero con algunas sorpresas inesperadas. 

El misterio del día y la hora de ese final que tanto preocupaba a los discípulos y que el mismísimo Jesús de Nazaret no conoce ni puede revelar, puede ser mirado desde otra perspectiva. Es muy posible que el final de los tiempos ahora ya no esté en las manos del creador, sino en las de la misma humanidad que ha construido ese final. Le hemos robado a Dios ese misterio, el secreto del día y la hora. Si seguimos actuando de la misma forma, ese final estará cada vez más cerca. Nuestra humanidad ciega y egoísta está produciendo por sí misma los signos que señalan el inexorable final. 

Actualmente ya casi nadie se pregunta por el fin de los tiempos porque de acuerdo a la información disponible sobre la contaminación y degradación de la naturaleza, de los mares y de las diversas fuentes de agua, esa fecha ya no es una incógnita. Efectivamente le hemos robado a Dios ese misterio. El día y la hora del final de los tiempos ya no está en manos del creador, sino en manos de los diversos sistemas contaminantes y sus intereses mezquinos. Es allí donde debe oírse una vez más y hacerse visible la voz y la acción de la comunidad cristiana. 

Tensiones y Procesos

La metodología que nos propone este relato es no romper nunca la tensión entre el aquí y el ahora y la mirada que necesitamos colocar en los procesos de larga duración. Es necesario que estemos atentos para que no nos dejemos confundir por el árbol que oculta el bosque y para que el bosque tampoco nos impida considerar un árbol en particular. Estamos insertos en un contexto específico, pero también somos protagonistas de una historia que nos invita a levantar la mirada y a considerar el objetivo hacia el cual consideramos que la historia tiene que dirigirse. El gran peligro es romper esa tensión entre intereses económicos inmediatos y una perspectiva de largo plazo fundada en la solidaridad, la justicia y la equidad. Es importante transformarnos como comunidad de fe en parte activa de las organizaciones de la sociedad civil que claman por la justicia climática, sosteniendo siempre esta mirada escatológica positiva y cuestionadora. 

Relación Familiar

Este diálogo entre Jesús de Nazaret y su comunidad de discípulos es significativo además porque puede ayudarnos a revisar ciertas formas de expresión litúrgicas o piadosas contemporáneas que vivimos en nuestras iglesias. Para sorpresa de su audiencia, Jesús llama a Dios de una forma doméstica y coloquial. Le llama “Padre”, despojando a esa relación y a ese diálogo de toda forma ampulosa. La espiritualidad de aquel tiempo, como la nuestra hoy, está acostumbrada a los grandes títulos para honrar a Dios. Aún hoy utilizamos títulos y expresiones propias de otros sistemas de poder que Jesús de Nazaret en este texto, con su vocabulario nuevo, nos llama a abandonar. Nos cuesta dejar de utilizar expresiones como “todopoderoso” y “omnipotente,” y no pensamos que justamente Jesús de Nazaret nos mostró un Dios que se hace todo vulnerable, y que se despoja de todo signo de poder o esplendor; que asume la cruz en serio, sin ficción, en verdad. Aún hay demasiados dorados, coronas y alfombras rojas en nuestras formas de encontrarnos con Aquel que se presenta simplemente como “Padre,” un Padre vulnerable a nuestros problemas como personas y como comunidad. Aún hoy, después de tantos siglos, esta imagen de total despojamiento nos escandaliza. El Dios que se hace vulnerable, el Dios crucificado, es ocultado bajo un manto de expresiones, gestos y vocabulario que son un resabio de conceptos tomados de filosofías que ya no utilizamos y que tienen muy poco que ver con Aquel que se nos revela escondido en la cruz de la pasión. Nos sigue siendo difícil asumir un Dios crucificado. 

Evaluación Final

Hablar de “parusía o escatología” puede ser de muy difícil comprensión para nuestras comunidades, y son palabras extrañas en nuestras conversaciones domésticas. Tenemos que encontrar vocabulario y expresiones contemporáneas que faciliten la comprensión de la dinámica de Dios. El Evangelio de hoy nos muestra que estamos frente a una posible evaluación final que el creador va a realizar del proyecto humanidad. Esa evaluación es por un lado totalmente inesperada; será un examen sin aviso previo, que nos coloca en una situación de riesgo cierto. Pero también nos afirma que esa evaluación será precedida de signos que, si los sabemos escuchar y leer con anticipación, nos pueden evitar a toda la humanidad un despertar negativo. Las evaluaciones son necesarias y muy útiles para todo proyecto y no tienen por qué ser dramáticas. El apocalipsis no tiene que ser sinónimo de desastre. Toda la literatura apocalíptica siempre aparece en momentos de crisis para llevar esperanza en un futuro que el presente aún esconde. 

El texto culmina con una llamada a la vigilia, a saber leer los signos de estos tiempos con métodos modernos y contemporáneos, sabiendo que aún es posible cambiar de rumbo. Este discernir no es para nada pasivo, sino que es fundamento y llamado a una acción que transforme la catástrofe en un acontecimiento celebrativo. El final de los tiempos no tiene por qué ser dramático ni angustiarnos. Tiene que ser un momento esperado; tenemos que actuar ahora de manera que podamos celebrar la llegada del esposo porque nuestros cántaros están llenos del aceite de la fe que actúa en amor y justicia. Tenemos que tener frente a esta evaluación final la alegría de los siervos y las siervas que reciben a su director de empresa con las cuentas bien hechas. 

Oración Comunitaria

Ven Espíritu de los Advientos diversos,

            concédenos que descubramos tu presencia en este mundo,

            transfórmanos en un pueblo que sabe discernir y actuar.

Ven Espíritu del Reino,

            ilumina en nosotros esa visión del espacio de equidad

            que está escondido en medio nuestro;

            ayúdanos a contemplarte aún en medio todas las tensiones.

Ven Espíritu de Unidad,

            purifica nuestras mentes y corazones,

            para que podamos reconciliarnos y cuidar de toda la creación,

            y vivir todos y todas en creciente dignidad.

Ven Espíritu de Renovación,

            aleja todo temor y toda traición que oscurece tu llegada,

            quédate y sé nuestra familia,

            para que nuestros encuentros sean espacios donde se te pueda escuchar.

Te lo pedimos en el nombre de quien anunció tu venida y tu proximidad,

            Jesús de Nazaret, ahora y siempre.

            Amén.