< September 04, 2016 >

Comentario del San Lucas 14:25-33

 

Para Comenzar a Pensar

En este relato, el Evangelio de Lucas presenta a Jesús dirigiéndose a las multitudes que le siguen y, en este escenario, él repite tres veces una demanda radical acerca del discipulado. Estas demandas siguen una fórmula con un esquema: “quien no hace X no puede ser mi discípulo.” La demanda central expresa un requerimiento amplio: llevar la cruz (v. 27); las otras dos demandas son específicas: aborrecer relaciones familiares y hasta la vida propia (v. 26), y renunciar a todo lo que se posee (v. 33). Las demandas, a su vez, están intercaladas con una parábola con dos relatos: el del hombre que quiere edificar una torre (vv. 28-30) y el del rey que va a ir la guerra (vv. 31-32).  En la parábola, el foco está colocado en la estimación y cálculo del costo de las iniciativas bajo consideración.

A primera vista, el contenido de las demandas no parece tener relación alguna con la parábola. Sin embargo, el capítulo 14, donde este pasaje sobre el “costo del discipulado” se ubica, está dominado por la parábola central sobre “la gran cena” y eso nos provee ayuda para la interpretación. Es importante tener en mente que en ese relato hay, por un lado, invitados que ponen excusas para no asistir al banquete y que son descriptos como poseedores de tierra, ganado y familia. Por el otro lado, hay excluidos –no invitados– que se convierten en invitados; estos son los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos que pueblan plazas y calles de la ciudad. También en el mismo capítulo (vv. 7-11), los invitados a banquetes son aconsejados a tomar el último lugar, y quienes ofrecen banquetes, son llamados a invitar a aquellos de condición menos favorecida. Es interesante observar que existe un paralelo entre la parábola en 14:8-14 y  una de la que aquí nos ocupa: ambas presentan el consejo de mantener una actitud de humildad con la advertencia de una posible humillación pública. 

Temas Eje para la Predicación: 

Humillación

El tema de la parábola refiere de manera inmediata a la humillación, ya sea como un proceso de propia conversión o como consecuencia de la propia necedad. Ante una iniciativa de gran envergadura, el proceso de cálculo de costos aparece aquí en su modo negativo: no como estímulo para la realización, sino como elemento disuasorio. Ante una empresa grande, el cálculo debe llevarnos a reconocer nuestras limitaciones; es decir, a una situación de humildad. (De no ser así, la humillación surgirá de los propios acontecimientos relacionados a la empresa). 

Renuncia a lo Propio

El tema de las demandas de Jesús está dominado por un llamado a la renuncia de lo que se percibe como propio. Nada nos parece más “propio” que padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas y la “propia” vida. Más aún, nada más propio que nuestras “propiedades.” Así como los invitados a la gran cena se excusan de participar por no querer renunciar a atender lo propio (familia y distintas posesiones), las demandas de Jesús para el discipulado se centran en la renuncia a lo “propio” (familia y posesiones). 

Lo Incalculable

El aspecto ilógico u exagerado de las demandas de Jesús nos lleva a pensar en algo así como un cálculo que no responde a nuestras consideraciones. Se pueden/deben hacer cálculos alrededor de la construcción de una torre. Se pueden/deben hacer cálculos antes de ir a la guerra. Ahora, ¿se puede calcular el costo del seguimiento a Jesús? ¿Son las renuncias calculables y cuantificables? Se trata aquí de un cálculo que escapa a nuestro limitado radar. Parecería que quien no es confrontado por y expuesto al abismo de lo incalculable no puede ser parte de tal seguimiento.    

Algunas Ideas Finales 

- El seguimiento de Jesús no es una cuestión para unos pocos equipados. Jesús habla frente a las multitudes que le siguen; estas palabras entonces van para todos y todas. Ser discípulo/a se refiere aquí a toda persona que esté dispuesta a seguir a Jesús. 

- El relato de las parábolas introduce lo calculable frente a unas demandas incalculables. El cálculo de costos es un tema lógico y central para las empresas humanas; sin duda, este paso es uno de suma prudencia cuando respondemos a demandas cuantificables o medibles. Pero la pregunta que parece plantear este relato completo, dentro del cual la parábola funciona como ilustración, es: ¿Debemos/podemos calcular los pros y los contras del seguimiento a Jesús? 

- El tema del seguimiento de Jesús plantea sólo palabras duras. Los enunciados que el evangelio formula expresan quiénes NO pueden ser parte de esta empresa. En el presente, esto es chocante porque tales palabras hieren las estructuras consolidadas de un concepto occidental dominante acerca de los seres humanos. En la consumación de la modernidad y dentro del encuadre de un sistema capitalista tardío reinan la exaltación de la subjetividad “propia” y el culto de la “propiedad” privada. Y, en realidad, vivimos ignorando que lo más propio nos es totalmente impropio. (Todo nos ha sido dado –¿acaso hay algo que no hayamos recibido? [1Co 4:7]). 

- El tema del seguimiento de Jesús vuelve a plantear temas centrales del evangelio. ¿Es la preparación y el pertrechado personal lo que se necesita para seguir a Jesús?, ¿o lo contrario?  Parece que, en lugar de colocar todos nuestros recursos en esta empresa, lo que se espera es que los abandonemos. ¿Quiénes no pueden ser sus discípulos? Quienes no estén dispuestos a dudar de sus propios recursos, parece responder la parábola intercalada. Pero también, los relatos del capítulo completo ponen su énfasis en abrir la mesa a quienes no “tienen” recursos y dejar afuera a quienes sólo se preocupan por cultivar y aumentar lo que consideran propio. De este modo, pueden echar luz sobre las exigencias del seguimiento a Jesús como un acto de reversión: el discipulado exige renunciar al cultivo y la libre disposición de la vida, las relaciones y las cosas como si nos pertenecieran para que estas puedan ser lo que en realidad son: dones compartidos.

- El tema del seguimiento a Jesús plantea un proceso de humildad que implica una renuncia, y una renuncia que nos pone en conflictos. Así como levantar torres o ir a la guerra sin los recursos indicados significan la ruina, el seguimiento a Jesús apoyado en lo propio (recursos de familia y posesiones personales) es imposible. Frente al llamado al discipulado, el reconocimiento de las limitaciones e inadecuación de lo que consideramos propio es un proceso constante de abajamiento. A su vez, el reconocimiento de lo “impropio” de lo “propio” entra constantemente en contradicción y confrontación con las estructuras culturales que nos conforman y la lógica económica de los poderes constituidos. Al fin y al cabo, Jesús –que es el “maestro” de sus “discípulos” y “discípulas” – murió por cómo vivió. Esto echa luz sobre lo que la demanda sobre “tomar la cruz” pueda significar.