< June 19, 2016 >

Comentario del San Lucas 8:26-39

 

Este pasaje bíblico demuestra la autoridad de Jesús sobre fuerzas hostiles y nos concientiza acerca de su poder para traer cambios dramáticos a nuestras vidas.

Descripción de la Escena

Jesús se encuentra en un área localizada en la ribera opuesta a Galilea donde gran parte de la población era gentil.1 Tan pronto como Jesús llega a tierra, se acerca a él un hombre de la ciudad poseído por demonios. Que demonios se “apoderaran” de alguien es algo que ocurre en el Nuevo Testamento, especialmente en los evangelios. En la narración de Lucas ya Jesús había echado fuera demonios de algunas personas (4:31-37, 40-41). Más adelante en este evangelio Jesús mismo dice: “Echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana” (13:32). Lucas reconoce la influencia de espíritus y demonios en su concepto del mundo.2

Un Hombre de la Ciudad Poseído por Demonios

Lucas nos da detalles de lo que este hombre hace y de su condición. Viene al encuentro de Jesús. Había estado poseído por demonios por mucho tiempo. No vestía ropa. No vivía en una casa, sino en los sepulcros. Era una idea popular creer que sólo una persona poseída por demonios podía vivir en los sepulcros. Este hombre es víctima de los demonios, quienes lo han despojado “de dos señales de humanidad: el vestido y la vida social.”3

En adición, Lucas nos detalla que a este hombre lo ataban con cadenas y grillos, pero que rompía las cadenas e impelido por el demonio se iba a los desiertos (v. 29). El desierto era otro de los lugares asociados con personas poseídas por demonios. Lo desesperante de su situación se muestra en el hecho de que no podía ser detenido ni siquiera por cadenas y grillos.

Este hombre se convierte en el instrumento de comunicación de los demonios con Jesús (vv. 28-29). Al ver a Jesús, lanzó un grito. El demonio reconoce que Jesús es el “Hijo del Dios Altísimo” y le pide que no lo atormente.

La Autoridad de Jesús

La narración de Lucas nos presenta a Jesús como “ungido” (4:18) y “lleno del Espíritu Santo” (4:1), así como con poder y autoridad para sanar y echar fuera demonios (como lo citábamos anteriormente). Esta autoridad se hace evidente cuando, ante la pregunta del demonio, Jesús inmediatamente le ordena a que salga del hombre. Pero también le pregunta su nombre, el cual era Legión. Este nombre implica que Jesús está enfrentándose con una concentración masiva de poder demoníaco.4

La autoridad de Jesús es tal que los demonios saben que tienen que salir del hombre. No pueden cuestionar su autoridad. Pero le piden no los envíe al abismo, conocido como el lugar donde eran encarcelados los espíritus malignos (Ap 20:1-3). Piden que los envíe a un hato de cerdos. Jesús les dio permiso para ello, lo cual indica nuevamente su autoridad. Finalmente, los demonios entraron en los cerdos y estos se precipitaron por un despeñadero al lago y se ahogaron. Los demonios perdieron el nuevo lugar de habitación. Jesús no es dominado o manipulado por los demonios. Él sabía cuál sería su paradero final.

Un Hombre Libre

Cuando este hombre de la ciudad es liberado, se produce un cambio dramático en su vida. Se sienta a los pies de Jesús, en señal de querer ser discípulo. Está vestido y en su juicio cabal (v. 34). Cuando las personas del lugar lo ven cambiado, se llenan de temor y le piden a Jesús que se vaya de la región. El hombre liberado de los demonios insiste en irse con Jesús, confirmando que quiere ser su discípulo.

Jesús le dice: “Vuélvete a tu casa y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo” (v. 39). A este hombre que no habitaba en casa (la palabra para casa es oikia en el original griego del v. 27), Jesús lo manda a que regrese a su casa (oikon en el original griego del v. 39).Estos detalles de la narración muestran el cambio de una condición crítica y dañina a una restauración a la cordura y a la vida social.

El hombre se queda en la ciudad porque Jesús se lo pide. Este hombre libre se convierte en testigo y evidencia del poder y la autoridad de Jesús en la región donde vive y ante quienes le pidieron a Jesús que se fuera del lugar.

Lo que nos Enseña este Pasaje Bíblico

Vemos en este pasaje que Jesús es soberano y tiene autoridad sobre fuerzas que son hostiles a Dios. Las personas de los tiempos de Jesús confrontaban los mismos males que nosotros y nosotras confrontamos: la muerte, lo demoníaco, las enfermedades y muchas otras cosas. Pero Jesús tiene el poder sobre todo esto. Jesús puede hacer cambios dramáticos en nuestras vidas.

Aunque no necesitemos que se nos libere de posesión demoníaca, podemos aplicar el principio de que Dios nos libera y puede liberarnos para que a su vez nosotros y nosotras podamos servir a Dios y dar testimonio de sus obras. Todo lo que Dios ha hecho por nosotros y nosotras debe servir como motivación para acercarnos más a Dios, sentarnos a sus pies y seguirle.


Notas:

1 La versión Reina Valera 1995 dice que llegó a la tierra de los “gadarenos.” Algunos manuscritos dicen “gergesenos” y otros “gerasenos.” Lo importante es que se trata de un área localizada en la ribera opuesta a Galilea.

2 John J. Pilch, “Sickeness and Healings in Luke-Acts” en The Social World of Luke-Acts (Peabody: Hendrickson, 1991), 196.

3 Alvin Padilla, Lucas, Serie Conozca su Biblia (Minneapolis: Augburg Fortress, 2007), 73.

4 Robert C. Tannehill, Luke (Nashville: Abingdon Press, 1996), 146.

5 Ibid., 147.