< March 26, 2016 >

Comentario del San Lucas 24:1-12

 

El capítulo anterior de Lucas había terminado en oscuridad.

[¿Buscas un comentario sobre Juan 20:1-18? Fíjate en el comentario para el Domingo de la Resurrección de Nuestro Señor de Dana K. Nelson.]

Una oscuridad había cubierto la escena de la crucifixión y el Señor había sido enterrado al cerrar del día. El evangelista nos recuerda que “era día de la preparación y estaba para comenzar el sábado” (Lc 23:54) y que las mujeres que habían seguido a Jesús hasta la cruz “descansaron el sábado, conforme al mandamiento” (Lc 23:56), el mandamiento que conmemoraba el terminar de la creación del mundo según Génesis, como cualquier judío o judía sabía.

Este capítulo empieza con las palabras “El primer día de la semana, muy de mañana…” Aquí el evangelista ya nos deja saber que algo nuevo y radical había pasado: la muerte y el entierro de Jesús habían coincidido con el sábado—el fin de la creación del mundo. Ahora estamos al pie del primer día de la semana, la madrugada de una Nueva Creación, un Nuevo Génesis.

Pero a esta altura las mujeres que salieron a honrar el cuerpo de su Señor no sabían esto. No sabían que un nuevo mundo había girado sobre su eje mientras que ellas y los discípulos dormían, quizás escondidos de los guardias del templo o de Roma. Jesús había sido ejecutado como enemigo del estado y de la fe. A través de su ministerio había predicado la venida de un reino marcado por la justicia, la igualdad, y la dignidad de todas aquellas personas a quienes el mundo tenía en menosprecio. El templo vio a Jesús como una amenaza a su monopolio espiritual y económico. Pilato lo mató como un falso rey, un desafío, una blasfemia contra el poder absoluto del César. Como muchos de nuestras comunidades hoy en día—sea en México o en Chicago, Jesús murió una muerte sangrienta y violenta a las manos de las autoridades. Y pues, cuando las mujeres llegaron a la tumba, al encontrarse con que el cuerpo de Jesús había desaparecido, como les ha pasado a muchas víctimas de la violencia estatal, y con hombres extraños presentes, les vino terror.

“¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado.“ La biblia no nos cuenta el momento cuando Jesús regresó a vida. En este vacío, los teólogos, artistas, y músicos han tratado de describir el triunfo de la vida sobre la muerte. El ícono pascual, venerado por las Iglesias ortodoxas, nos pinta al Señor agarrando con fuerzas a Adán y Eva por los brazos y detrás de ellos los patriarcas y matriarcas, los profetas, mártires, y la masa de la humanidad. Son rescatados por Jesús de las tinieblas a la nueva vida mientras que las puertas, cadenas, cerraduras, y hasta el mismo diablo caen quebrados al pie del Señor. Y en este momento, cuando las mujeres oyen el mensaje angélico, se dan cuenta de esta misma verdad, la de que el Señor ha vencido a toda potestad, a todo imperio, a todo déspota, a todo sistema económico, religioso y político que se opone a la vida y al reino anunciado por Cristo. Las mujeres regresan a los discípulos, ya no asustadas, sino viviendo en esta nueva realidad. Aquí Lucas nos deja saber sus nombres por primera vez en esta sección—casi como si el acto de recibir las buenas nuevas y actuar sobre ellas les hubiera dado una identidad nueva. Ya no eran las mujeres anónimas, las mujeres sin derecho ni rango ni cara. La victoria del Ejecutado sobre los planes y poderes del mundo les había dado nombre, identidad, y cargo. Y aunque los mismos discípulos de Jesús creyeron que era una “tontería,” el lector y la lectora saben, junto con las mujeres, que su mensaje sería vindicado—que un nuevo mundo había llegado para quienes que son oprimidos y oprimidas por los gobiernos, la religión, los bancos, o las cortes. Y con María, Juana, y las demás, hemos de tomar a nuestro cargo el llevar estas nuevas al mundo.

Pedro corre al sepulcro y ve la tumba abierta y las vendas de lino (“los lienzos”). Este relato es muy semejante al que encontramos en el evangelio según San Juan (Jn 20:3-10). Aquí en nuestro relato Pedro llega solo, mientras que en Juan está con el “otro discípulo.” Sin embargo, la reacción de Pedro es casi la misma: ¡aquí está extrañado; en Juan no tiene reacción! En San Juan, esto se da en contraste con la reacción del “otro discípulo”—el “discípulo amado, el discípulo modelo,” quien vio lo mismo que Pedro y sin embargo creyó. En Lucas, aunque Pedro llega solo, su reacción contrasta con la de las mujeres. Aquí vemos otra vez uno de los temas de este evangelio: la preocupación por y la prioridad dada a los marginalizados. Desde el canto de María (“Quitó de los tronos a los poderosos y exaltó a los humildes,” en 1:52), pasando por la inauguración del ministerio de Jesús (“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres,” en 4:18), y continuando con la atención particular que se les da a las mujeres, los enfermos, y los necesitados en las parábolas y eventos en la vida del Señor, el tema de lo que ahora llamamos “la opción preferencial por los pobres” resalta en este evangelio. Y ahora, mientras que el discípulo principal, el discípulo que confesó la identidad de Jesús en el capítulo nueve (Lc 9:20), no puede ver la realidad de la resurrección, las mujeres, quienes sufrían discriminación legal y cultural en esa época, y la siguen sufriendo en nuestra época, reciben esta revelación y son llamadas a ser apóstoles para los apóstoles.