< March 24, 2016 >

Comentario del San Juan 13:1-17, 31b-35

 

A finales del primer siglo, la comunidad juanina fue expulsada de la comunidad judía, que entendía que la confesión de fe en Jesús no era aceptable para los judaísmos formativos.

Los judaísmos formativos fueron aquellos grupos judíos que encontramos en la literatura posterior a la destrucción del segundo templo (año 70 DC) y que tenían gran diversidad, pero coincidían en leer la Torá[1] como fuente principal de autoridad. Jacob Neusner ha planteado que una mirada a cualquier página de la Misná[2] muestra cuan plurales eran esos grupos que reorganizaron al judaísmo luego de la destrucción del templo. El judeocristianismo no fue aceptado como un grupo que pudiera ser parte de la ortodoxia plural de los judaísmos formativos.

Otro problema que tenía la comunidad juanina era que había miembros de la comunidad que negaban la humanidad de Jesús (Jn 1:14; 1 Jn 4:1-3) y que expulsaban y marginaban a miembros de su propia comunidad que afirmaban la humanidad de Jesús (3 Jn). La tentación de dejarse llenar de odio, o de poner una jerarquía que estableciera el poder teológico en la comunidad era muy fuerte. Fue en estas circunstancias en que se escribió el evangelio de Juan y principalmente este relato, que constituye un desafío a rechazar el poder y optar en cambio por el servicio y el amor.

Notas Exegéticas

Juan 13 comienza la segunda parte de la obra juanina, que algunos llaman el libro de la gloria de Jesús. Los primeros doce capítulos del evangelio son siete signos que apuntan a explicar quién es Jesús. Y lo que tenemos en los capítulos 13 a 17 es un discurso de despedida del Señor a sus discípulos, un testamento en el que Jesús anuncia a sus discípulos su última voluntad, por lo que tiene una importancia principal para todo lector o lectora.  

El género literario del relato del lavatorio de los pies es una parábola profética que nos presenta a Jesús como un ejemplo del gran desafío que tendrán sus discípulos, el de ser esclavos unos de otros por amor en vez de aspirar a tener posiciones de poder unos/as sobre otros/as.  

La estructura del capítulo 13 de Juan la podemos dividir así:

  1. 1-3: Introducción al libro de la gloria y al lavatorio de los pies.
  2. 4-5: Lavatorio de los pies.
  3. 6-11: Diálogo polémico entre Jesús y Simón Pedro sobre el lavatorio de los pies y explicación a este del evento.
  4. 12-17: Segunda explicación del lavatorio de los pies como un ejemplo a imitar por los discípulos.
  5. 18-20: Anuncio de la traición de Judas.
  6. 21-30: Diálogo de Jesús con discípulos y especialmente con Pedro y el Discípulo Amado sobre el discípulo que habría de traicionar a Jesús.
  7. 31-38: Salida de Judas, hora de la glorificación de Jesús, el mandamiento del amor y el anuncio de las negaciones de Pedro.

Notas al pasaje       

Los vv. 1-3 presentan la situación inicial de nuestro pasaje y hacen una transición hacia el relato del lavatorio de los pies. El marco temporal es nuevo: “Antes de la fiesta de la Pascua.” Los personajes han cambiado: solo están Jesús y sus discípulos inmediatos. Hay un cambio de lugar: ahora están en un banquete. Y finalmente, hay un cambio de tema, pues de lo que se trata ahora es el amor de Jesús hacia sus discípulos.

El v. 1 repite lo que se había dicho en 12:23 y vuelve al tema de la hora de Jesús, que aparece por primera vez en el evangelio en 2:4, y que será un tema principal en uno de los tres dichos de Jesús en la cruz según este evangelio (Jn 19:30).[3] En la cruz se consuma la hora y vida de Jesús. El v. 1 introduce también el tema del amor de Jesús hacia sus discípulos a quienes ha amado hasta el fin. Ese amor de Jesús va a contrastar con la traición de Judas y las negaciones de Pedro que se introducirán en este capítulo. Además, en el capítulo 12 se nos dice que muchos habían creído en Jesús, pero que el temor de que fueran expulsados de la sinagoga había hecho que muchos abandonaran a Jesús (Jn 12:42). Estos que abandonaron a Jesús por temor contrastan con Jesús que ama los suyos hasta el fin.

El v. 2 introduce el tema de la traición de Judas, que se explica en el lenguaje del dualismo juanino como una intervención del diablo que había puesto en el corazón de Judas que lo entregara. Cada lector/a nota que la conducta de Judas contrasta con la de Jesús en el v. 1 que ha amado a los suyos hasta el fin.

El v. 3 trae a colación el tema de Jesús como el que había salido de Dios y ahora, a través de la cruz y la resurrección, regresaba al Padre. Este es un tema que ha sido fundamental en el evangelio desde el primer capítulo, en que dice que el Verbo estaba con Dios (1:1) y vino a los suyos (1:11). Repetidamente Jesús explica su ministerio y autoridad como la de quien ha salido de la presencia de Dios para estar en el mundo.  La historia de la pasión en Juan es una hora de crisis, entendiendo crisis en el sentido griego, como una hora en que se hace un juicio sobre quienes reciben a Jesús y quienes lo rechazan. La historia de la pasión en Juan no es la del justo ejecutado, como en Lucas, ni la del siervo sufriente, como en Marcos, sino la del soberano que pone su vida y la vuelve a tomar (Jn 10:18).

Los vv. 4-5 presentan el nudo narrativo del relato. Contrario al sistema de honor, Jesús toma la posición social de un esclavo doméstico y comienza a lavar los pies a los discípulos. En el judaísmo contemporáneo, ni siquiera un esclavo judío tenía que lavar los pies de nadie. Esto se reservaba para los esclavos gentiles.[4] El evangelista narra con detalles la acción de Jesús comportándose como un esclavo de sus discípulos para que cada lector/a vea el escándalo y desafío que representa. El que es soberano ahora toma el rol de un esclavo doméstico y gentil, y actúa de la siguiente manera: se levanta de la cena, se quita su manto, toma una toalla, se la ciñe, pone agua en una vasija, comienza a lavar los pies de los discípulos y los seca con la toalla.

Los vv. 6-11 muestran la respuesta de Simón, que encarna el problema con el sistema de honor. Lo que Jesús está haciendo, y lo que va a suceder en la historia de la pasión no encaja con el honor adscrito a Jesús de quien se nos ha dicho que “el Padre le había dado todas las cosas en las manos” (v. 3). Por eso el diálogo entre Simón y Jesús es acerca de la humillación y la pérdida del honor a la que apuntan los actos que Jesús está llevando a cabo, y por eso Simón se niega absolutamente a ser lavado por Jesús.

Jesús responde a la negativa de Simón con una referencia a la incomprensión de los discípulos, que es un asunto que se ha trabajado en el evangelio y que se trabajará en los siguientes tres capítulos con el tema del Espíritu Santo que será el Maestro de la comunidad que los llevará a toda la verdad (Jn 14:26; 15:26; 16:5-15). La otra palabra de Jesús que mueve a Simón a dejarse lavar es que Jesús le indica que si no lo hace no tendrá parte con él. El concepto “parte” viene del lenguaje de la herencia y tiene que ver especialmente con la parte en la tierra de la promesa o la parte en el reino escatológico. Jesús le está diciendo a Simón Pedro lo que más adelante les dirá a todos los discípulos cuando les pida que permanezcan en él (Jn 15:4). La respuesta de Pedro es una ironía, pues Jesús les estaba lavando los pies, y Pedro quiere ahora que le lave las manos y la cabeza, esto es, todo el cuerpo, con tal de tener parte con Jesús.

El v. 10 dice que uno de los discípulos no está limpio, a pesar de que presuntamente todos han sido lavados, volviendo a lo que ya se nos había dicho sobre Judas en el v. 2. En el v. 11 Jesús confirma, con la referencia a Judas, que conocía a todas las personas y a lo que hay dentro de ellas (Jn 2:24-25). Este conocimiento de Jesús es una alusión al relato de Samuel buscando un rey en casa de Elí, y al dicho de que el Señor no mira lo que mira el ser humano, sino que mira el corazón (I Sam 16:7). Con esto el evangelio juanino presenta su alta cristología. Jesús como Dios conoce el corazón humano (Jn 1:1,18; 20:27).

En los vv. 12-17 Jesús explica a los discípulos el lavatorio de los pies. Jesús reconoce que tiene el honor del Señor y el Maestro (con artículo definido), pero el lavatorio es el acto sobre el que debe fundamentarse la forma de vida de la comunidad juanina.  El discipulado se mostrará en el servicio de cada cual por los demás como si fuera esclavo de estos/as. La bienaventuranza se encontrará en la práctica de una ética de servicio entre los discípulos y no en una competencia, ni en la búsqueda de poder y gloria humana. 

Los vv. 31b-35 son el comienzo de un discurso juanino en que se va a presentar una explicación teológica sobre Jesús y sobre la conducta de la comunidad de fe que continúa hasta el final del capítulo 14.  

Paradójicamente, la traición de Judas mostrada en su salida de entre los discípulos (Jn 13:30) es el momento en que se hace presente la glorificación de Jesús y de Dios. La glorificación de Jesús es lo que se desarrollará en la historia de la pasión juanina.

En un lenguaje de ternura, dirigiéndose a los discípulos como “hijitos” o más bien, “niños queridos” (en el original griego, teknia), Jesús anuncia su muerte inminente. Como les había dicho a los judíos previamente (Jn 7:34), los discípulos no pueden acompañarlo a la cruz.  No obstante, los discípulos podrán hacer otra cosa, que es amarse unos a otros.  De hecho, la señal de que son discípulos auténticos consiste en que se amen unos a otros.

El concepto juanino para el amor en este relato es en el original griego agapé (que es uno de los términos que tiene el griego para expresar las distintas modalidades del amor). Como en 3:16 y 13.1 ya se ha presentado el tema del amor agapé, cada lector/a sabe que es mucho más que una amistad profunda. El sentido es el de solidaridad entre los discípulos y las discípulas del Señor. El lavatorio muestra esa solidaridad al nivel de actuar en la forma de un esclavo. La cruz será un acto del agapé divino. Ahora el desafío está en nuestras manos. ¿Podremos nosotros y nosotras tener ese mismo agapé como marca de nuestra comunidad?

Bibliografía selecta

Beasley-Murray, G.R. John. Word Biblical Commentary. Nashville, Tenn.: Thomas Nelson Publishers, 1999.

Benoit, P. et. al. Sinopsis de los Cuatro Evangelios. Vol I. Bilbao: Desclée de Brouwer, 1987.

Brown, R. El Evangelio según Juan. Vol II. Madrid, Ediciones Cristiandad, 1978.

Guijarro, Santiago. Los Cuatro Evangelios. Madrid: Sígueme, 2010.

Haenchen, E. John: A Commentary on the Gospel of John. Vol II. Philadelphia: Fortress Press, 1984.

Marguerat, D. ed. Introducción al Nuevo Testamento. Bilbao: Desclée de Brouwer, 2006.

Marguerat, Daniel y Bourquín, Y. Cómo Leer los Relatos Bíblicos: Iniciación al Análisis Narrativo.  Santander: Sal Terrae, 2000.

Moloney, F. J. El Evangelio según Juan, Pamplona: Verbo Divino, 2005.   

 

[1] Es el texto que contiene la ley y el patrimonio identitario del pueblo judío. Puede referirse, según el contexto, a la totalidad de lo que para los cristianos es el Antiguo Testamento, o específicamente a los cinco libros del Pentateuco.

[2] Es el cuerpo exegético de leyes judías compiladas, que recoge y consolida la tradición oral judía desarrollada desde los tiempos de la Torá, y hasta su codificación a manos del rabino Yehudá Hanasí, hacia finales del siglo II.

[3] Los dichos de Jesús en la cruz en Juan son distintos a los de la tradición sinóptica. Juan presenta tres dichos: “Mujer, he ahí tu hijo”/”He ahí a tu madre”; “¡Tengo sed!”; y “¡Consumado es!” Estos dichos tienen que ver con la teología de la comunidad de Juan.

[4] George R. Beasley-Murray, John. Word Biblical Commentary (Nashville, Tenn.: Thomas Nelson Publishers, 1999), 233.