< November 08, 2015 >

Comentario del San Marcos 12:38-44

 

La Hermenéutica de la Viuda
El pasaje para este domingo tiene dos partes. La primera parte (vv. 38-40) parece una continuación del discurso que Jesús viene pronunciando dentro del templo y que le ha causado varias controversias con los líderes de la religión. Jesús se dirige a las multitudes que han escuchado todo este discurso.

En la segunda parte (vv. 41-44), Jesús está sentado frente al arca de la ofrenda al tesoro del templo y pronuncia palabras dirigidas a las personas que lo siguen.

Podríamos decir que este pasaje es una continuación y explicación de la acción dramática que Jesús llevó a cabo cuando echó fuera “a los que vendían y compraban en el templo” (11:15-17).

Las dos partes del pasaje ponen el acento en una determinada manera de ver o de mirar. En la primera parte, en el original griego del v. 38, se utiliza el verbo blepete. Si bien se lo traduce tradicionalmente como “guardaos,” o “ten cuidado,” en realidad quiere decir “mirar muy cuidadosamente.” Lo que Jesús pide, pues, a las multitudes que lo escuchan es que miren muy cuidadosamente el comportamiento de los escribas. En la segunda parte, Jesús está mirando lo que pasa con el arca de la ofrenda y luego llama la atención de sus seguidores al respecto, para que vean y entiendan lo que está pasando. Todo el pasaje, insisto, tiene que ver con una manera de mirar, enfocar y entender.

¿Y qué es lo que tenemos que ver, lo que debemos mirar con atención? Todo lo que se relaciona con la economía, y sobre todo, lo que se refiere al “negocio” de la religión.
¿Qué es lo que debemos ver en relación con el “negocio” de la religión? O mejor dicho, ¿desde qué punto de vista debemos ver esta economía?

Desde el punto de vista de la viuda. ¿Qué está pasando con las viudas? En la primera parte del pasaje observamos que las viudas son víctimas de robo de parte de la gente religiosa. En la segunda parte, observamos que la acción piadosa de la viuda cuenta más que lo que hacen los demás, especialmente los ricos.

Las viudas. Sabemos que para la ley y los profetas el modo como se trata a las viudas y los huérfanos es la medida de la justicia de las instituciones del pueblo de Dios. Esto significa que la norma de la economía, la política y la religión tiene que ver precisamente con esta pregunta: ¿qué está pasando con las viudas y los huérfanos? En este sentido, podríamos decir que Jesús se ubica en la tradición de los profetas de Israel.

Al escudriñar la religión, debemos tomar en cuenta la manera en que están afectadas las personas más desamparadas de la sociedad. Por un lado, la religión puede llegar a ser una protección para quienes explotan a los pobres y los marginados. Las instituciones religiosas requieren el apoyo de los ricos y de los poderosos para mantener, y sobre todo para ampliar, sus edificios, sus profesionales y sus programas. Esto era exactamente así en la época de Jesús, cuando el templo de Jerusalén constituía el centro de la vida económica, política y religiosa del pueblo de Dios. Y hoy en día tenemos, no únicamente un solo templo, sino docenas de ellos en cada ciudad con sus programas y sus profesionales. ¿Cómo vamos a pagar por todo eso? Esto implica una alianza con los que tienen recursos. Y de esta manera entramos en una colaboración con quienes les roban a los pobres y “devoran las casas de las viudas” (v. 40). Como había dicho Jesús citando al profeta Jeremías, el templo se convierte en una “cueva de ladrones” (Mc 11:17).

Por el otro lado, nos encontramos con la piedad de las viudas, de los pobres, los desamparados de la sociedad. Muchas veces estas personas se dedican totalmente a Dios, tal como hizo Jesús mismo.

La viuda da todo a lo que representa, desde su punto de vista, al Dios de su esperanza. Lo que ella tiene, las dos “blancas” que sumaban “un cuadrante,” en verdad es muy poco. Comparado con los donativos de los ricos es casi nada. Desde la perspectiva de la institución realmente es nada, ni un centavo.

¿Por qué tan poco? ¿Por qué tiene ella apenas un centavo para vivir? Esta pregunta nos recuerda el dicho del obispo brasileño Hélder Camara, repetido recientemente por el Papa Francisco: “Cuando doy de comer a los pobres, dicen que soy santo. Pero cuando pregunto porqué pasan hambre, dicen que soy comunista.” No obstante, es una pregunta que tenemos que hacer. ¿Por qué es tan pobre la viuda? Porque los sistemas económicos y políticos santificados por las instituciones religiosas le han robado, la han empobrecido, la han despojado de todo. Esto es lo que Jesús dice textualmente acerca de los escribas en la primera parte de nuestro pasaje.

La crítica por parte de Jesús a las instituciones religiosas no implica una crítica a la piedad de las personas pobres. Al contrario, Jesús reconoce su compromiso, su generosidad, su sacrificio. Una cosa es criticar las instituciones, y otra cosa muy distinta es criticar la piedad de las personas pobres, aun cuando se trate de personas pobres explotadas por las mismas instituciones a las que criticamos.

Desafortunadamente, las iglesias han aprovechado este relato sobre la viuda para animar a las personas que tienen más recursos que la viuda a imitar su ejemplo y, por lo menos, a dar más a la iglesia. Con el objeto de buscar aún más recursos para ellas mismas, las iglesias ignoran por completo la crítica de las instituciones religiosas que es central en este pasaje. Nos olvidamos de la pobreza y el compromiso con los pobres. De esta manera, el texto llega a ser el pretexto para aumentar nuestro presupuesto en lo que llamamos “mayordomía.”

Pero la “mayordomía” de Cristo es otra cosa. Es la mayordomía de los profetas que precedieron a Jesús y que hablaban en el nombre del Dios que está comprometido con el bienestar de las personas desamparadas, el Dios que denuncia las injusticias de la nación y de la religión cuando hacen caso omiso de la vida de los pobres.

Y la pregunta para nuestra iglesia, nuestra religión, nuestra piedad, nuestra sociedad es: ¿Somos solidarios y solidarias con las viudas o somos cómplices de quienes les roban a las viudas? ¿Qué pasaría si adoptáramos la hermenéutica de las viudas?