< October 25, 2015 >

Comentario del San Juan 8:31-36

 

(8:31) Hay judíos y judíos
De entrada hemos de recordar que Jesús de Nazaret fue un semita orgullosamente judío.

Es más, Jesús no fue cristiano sino un reformador del judaísmo. Con el tiempo resultó el cristianismo, así como también, y contra las voluntades de sus reformadores, emergieron las iglesias valdense, menonita, calvinista, luterana, wesleyana, etc.

Los judíos con quienes traba palabra Jesús no representan un frente común. Hay de todo en la viña del Señor. También existen los que abrazan su persona y ponen pies a la obra del Reino de Dios y su justicia, es decir, el meollo de la predicación y acción de Jesús.

(8:31) Discipulado - Disciplina
Disciplina y discípula provienen de la misma matriz lingüística. En una ocasión identifiqué en las bancas de la iglesia a un pastor activo. Le pedí que tuviera una participación en el culto y me detuvo con un: “estoy de vacaciones.” El otro día llamé a otro pastor el cual, sin preguntar quién hablaba, sencillamente espetó: “no puedo contestar ahora porque estoy almorzando; llame más tarde.” En esos casos confundieron la disciplina del servicio a tiempo y a des-tiempo con la disciplina en su sentido leguleyo.

Jesús no fue ningún Robinson Crusoe ni un Llanero Solitario, sino que trabajó en camaradería. Hasta su último suspiro se apoyó en su discípulo amado: léase María Magdalena, Lázaro, Juan hijo de Zebedeo, Tomás el Gemelo o tal vez un personaje simbólico omniabarcante de quienes, como aquellos judíos, también creemos en su propuesta de nueva tierra y nuevos cielos.

Dietrich Bonhoeffer selló su discipulado con su bautismo de sangre frente al anti-reino del nazismo. No solo lo ahorcaron, sino que primero lo desnudaron.

(8:31) Dimensiones de la Palabra
Las iglesias de la Reforma distinguen tres dimensiones de la Palabra de Dios:
1. Como está inscrita en todo ser humano (Jn 1:9, Jer 31:33);
2. Como consta en la Biblia (2 Ti 3:16-17); y
3. Como se manifestó plenamente en Jesucristo.

De ahí se sigue que Cristóbal Colón no trajo la Palabra de Dios a América (no se confunda con los Estados Unidos); lo que embarcó en su carabela fue la Biblia. La Palabra de la que habla Jesús siempre llega primero.

(8:32) Esa fijación con la libertad
En Estados Unidos está muy manida la palabra “libertad.” Ya viene siendo hora de apuntalar la constitución norteamericana con su otra pata, o sea, “la igualdad.”

Entre muchos logros, Martín Lutero empujó la igualdad lingüística al validar el alemán y destronar el “solo latín.” Zuinglio introdujo la igualdad de género al casarse y descentralizar el celibato. Calvino siguió los pasos de Melanchthon, Francisco de Asís y el mismo Jesús, al igualar a quienes seguimos a Cristo, desinflar el clericalismo y afirmar al laicado. Menno Simons bregó con la igualdad económica sin la cual la libertad es mero ruido (1 Co 13).

(8:33) Silenciando el pasado
Los letrados muchas veces son los más olvidadizos. ¿Será que estos judíos estaban asimilados y se sentían romanos en lugar de palestinos? ¡Qué amnesia para olvidar las botas militares extranjeras que pesaban sobre su patria! Díganlo si no Egipto, Asiria, Babilonia, Filistea, Persia, Grecia y su actual Roma.

“No lean la historia; hagan la historia” es el discurso del imperio en turno para el consumo de los pueblos colonizados, según reza un póster del ejército. La mentalidad esclava prefiere la mentira a la verdad. Aletheia, verdad en griego, se compone de a que significa “no”, y lethe, “olvido”. No al olvido; hemos de recordar pero con el corazón o cardía. Hay que sentir la historia. Pero cuidado: ha de ser nuestra historia tantas veces silenciada.

(8:33) Destino manifiesto
El primo de Jesús, descendiente de linaje sacerdotal, se vació de sus privilegios como Jesús (Fil 2:7), y al igual que él, se topó con la misma arrogancia de los judíos de alcurnia. Juan el Bautista les refrescó la memoria (Mt 3:8-10) confrontándolos con su narcisismo, excepcionalismo o, en una palabra, su doctrina del destino manifiesto. Esta herejía predica que, en virtud de su linaje escogido, automáticamente tienen todos los privilegios. Juan les recuerda su deber: dar frutos.

La mayoría de las tradiciones de la Reforma del siglo XVI asimismo le han cargado la tinta a la gracia divina y han obviado al bueno de Santiago: “Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras” (2:18). En el Reino de Dios no hay favoritismo ni excepcionalismo.

(8:34) No detenerse en “infiernitos”
Jesús pudo darles una cátedra de historia, pero se mantuvo en su órbita. Él se llevó la discusión a otro plano, no para espiritualizar el tema, sino para reeducar. Así también, de cara al 500° aniversario de la Reforma Protestante, haríamos bien en empezar con una confesión de pecados en lugar de ese triunfalismo eclesiástico. Cómo olvidar el informe de Guillermo Farell al escuchar las últimas palabras de Miguel Serveto: “Oh Cristo, hijo del eterno Dios, ten misericordia de mí.” El enviado de Calvino no daba crédito a dicha confesión, recriminando al ajusticiado: “¡Ay bendito!, si Serveto en lugar de decir ‘hijo del eterno Dios’ hubiera dicho ‘hijo eterno de Dios,’ se habría salvado de la candela.” Y cómo obviar el abandono de Lutero en la hora suprema de los 100.000 masacrados en la Guerra de los Campesinos en su Alemania natal.

(8:35) Illegal aliens ¡cómo abundan!
Jesús denuncia que la persona esclavizada no pertenece a la casa pues no se pertenece ni siquiera a sí misma.

La esclavonía afro-caribeña arrancó en 1503 y supuestamente terminó en 1886, pero lo cierto es que sigue viento en popa. El “viernes negro,” después de acción de gracias, era un día en el que las personas esclavizadas estaban de oferta, para que el patrón se ayudara en el invierno tormentoso. El adjetivo alien o ajeno, originalmente se le colgó a la persona esclava procedente de África. Hoy en día se le adjudica al pueblo latino para gritarle al oído que solo el hijo europeo se queda en casa para siempre.

(8:36) Por fin libres
La libertad que Jesús predica viene de la mano de la igualdad, como confesara el tortillero: “no hay mása-llá.” Es una libertad basada en la verdad, no en los “miedos” de comunicación mas-IVA. Es una libertad que se construye en el discipulado liberador de Jesús de Nazaret.