< March 22, 2015 >

Comentario del San Juan 12:20-33

 

Caminar con Jesús significa estar dispuestos y dispuestas a llegar hasta las últimas consecuencias, e incluso a morir.

Sí, suena en extremo duro leer algo así, pero es la verdad. Aun así, por mucho tiempo la iglesia ha estado viviendo en complacencia y no ha querido tomar la responsabilidad que le corresponde de llegar hasta las últimas consecuencias por causa del mensaje del evangelio liberador y transformador.

Contexto

El pasaje para este domingo no se da en un vacío. Es parte de los eventos que habremos de recordar en unos días cuando llegue el Domingo de Ramos. Juan 12 nos cuenta la llamada “entrada triunfal” de Jesús a la ciudad de Jerusalén montado en un asno y recibido como rey por la multitud. En este contexto nos enteramos de que un grupo de “griegos” (si son gentiles, conversos o judíos de la diáspora no es indicado en el texto) se acercan a los discípulos para preguntar por Jesús.

¿Quiénes son estos griegos que buscan a Jesús? Como lo indiqué anteriormente, el texto no lo dice con claridad. Sólo podemos hacer inferencias con respecto a la identidad de estos griegos que el autor menciona. Algunas personas estudiosas del texto nos indican que podrían ser judíos de la diáspora. Por ejemplo, en el original griego, en el v. 20, el evangelista utiliza el sustantivo hellenes para referirse a estas personas, y no el más general ethne. O sea, parecería que el autor pretende hacer referencia a la comunidad judía de la diáspora. Recordemos que el autor del evangelio está interesado en probar que Jesús es en realidad la manifestación de Dios en la tierra y que, por lo tanto, los judíos han de proclamarlo como tal.

De esta manera vemos cómo el autor del evangelio de Juan, en el contexto de la perícopa que nos ocupa, proclama la soberanía de Jesús tanto política como religiosa. Por una parte, el autor nos recuerda que Jesús es reconocido como rey cuando entra a Jerusalén. Este es un acto de rebeldía contra la ocupación Romana de Palestina. Jesús, y no los reyes marionetas impuestos por Roma, es el legítimo Señor y Soberano de la Ciudad de la Paz. Por otro lado, al hacer referencia a la urgencia que tienen los judíos de la diáspora de encontrar a Jesús, el autor del evangelio nos deja entrever que Jesús es también el Señor y Soberano de las expresiones religiosas del Dios de la Torá. Señor y Soberano; estos son los conceptos con los cuales el evangelista nos presenta en la lectura de hoy.

Muerte y Sacrificio

Además de proclamar a Jesús como Señor y Soberano tanto de lo material como de lo espiritual, el evangelista nos ofrece un vistazo del llamado que tenemos quienes proclamamos a Jesús como tal. ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de seguir a Jesús? El texto es claro, como nos deja saber el v. 25: “El que ama su vida, la perderá; y el que odia su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.”

Seguir a Jesús implica seguir sus pasos en todo lo que hace. Esto es, proclamar la liberación de las personas, sanar las heridas de la gente, caminar con quienes necesitan compañía, luchar por la incorporación de quienes han sido rechazados y rechazadas, y lo más importante, hacer todo hasta las últimas consecuencias. Esto puede significar aun la muerte.

Este tiempo de Cuaresma nos debe servir para reflexionar sobre el llamado a seguir a Jesús. Si bien es cierto que el mensaje es que no todo termina en la cruz, sino que al tercer día llega la resurrección, también es cierto que hay que pasar por la muerte y el sacrificio para llegar hasta la vida nueva. Declarar que Jesús es Señor y Soberano sobre lo espiritual y lo material es también estar en disposición de ser enterrado como el grano de trigo para ser vuelto a la vida, tal como lo indica el autor en el v. 24.

Creo además que es prudente aclarar un concepto que ha sido malinterpretado por muchos siglos con respecto a la muerte de Jesús. Esto es, el significado de “sacrificio.” ¿Qué significa que Jesús sea sacrificado por la humanidad?

Es cierto que el sacrificio puede sugerir la pérdida de la vida. Pero es también importante poner en claro que la palabra castellana “sacrificio” nos viene del idioma latín. Es la combinación de dos palabras latinas: sacro, que significa sagrado, y facere, que significa hacer, convertir, construir, o producir un efecto. Entonces, el significado de sacrificio es “hacer sagrado” y no, como por costumbre nos han enseñado, quitar la vida.

Esto nos lleva a una conclusión importantísima en el tiempo de Cuaresma. Dios no envió a Jesús para ser asesinado por las autoridades Romanas. Jesús murió a manos de las autoridades por sus acciones de solidaridad con el pueblo. Si vemos el relato evangélico completo, lo que irritó a las autoridades y las llevó a pedir la muerte de Jesús fue el hecho de que Jesús caminara con quienes vivían en la opresión tanto política (de Roma) como religiosa (de las autoridades religiosas). En este sentido, Jesús era un peligro por su solidaridad con quienes sufrían y su asesinato es el punto culminante de una vida en solidaridad.

Dios envió a Jesús para que hiciera sagrada su vida en beneficio de la humanidad; Jesús hizo sagrada su vida mediante sus acciones de solidaridad. El asesinato de Jesús por las autoridades Romanas fue como consecuencia de haber dedicado su vida a hacer sagrada cada una de sus acciones para beneficio de la humanidad.

Conclusión

El predicador o la predicadora pueden utilizar la lectura de este domingo para llevar a su audiencia a reconsiderar la forma en que nos relacionamos con la muerte de Jesús. ¿Qué significa que Cristo nos llame a seguirlo aun hasta las últimas consecuencias? Por un lado, significa que debemos emular las acciones de Jesús incluso si nos cuesta la vida. Por otro lado, significa que debemos hacer que nuestras vidas, al igual que la vida de Jesús, sean hechas sagradas. “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo esté, allí también estará mi servidor” (v. 26a). En Jesús vemos a un ser que caminó con los pobres (Mt 11:43-5; Lc 4:18-19), que no se rehusó a romper reglas religiosas para sanar a enfermos (Lc 13:10-17), que dio espacio a personas rechazadas por la sociedad (Mc 2:13-17), y que irrumpió contra las injusticias económicas del sistema bajo el que vivía (Jn. 2.13-16). Si Jesús pudo hacer sagrada su vida a través de estas acciones de solidaridad hasta las últimas consecuencias, entonces el pueblo que lo sigue y proclama debe tener el valor de hacer lo mismo. Este es, después de todo, el llamado que recibimos de nuestro Señor y Soberano.