< January 18, 2015 >

Comentario del San Juan 1:43-51

 

El texto de este domingo nos invita a conocer a dos de los discípulos de Jesús: Felipe y Natanael.

Nuestro texto viene a continuación del relato que incluye el llamado y seguimiento de dos discípulos de Juan, uno de ellos llamado Andrés, y el anuncio que le hace Andrés a su hermano Pedro de que habían encontrado al Mesías (1:35-41).

Para reforzar la continuidad de un relato con el otro, el evangelista construyó ambos con elementos similares, aunque no en el mismo orden. A nivel de vocabulario, aparecen palabras similares como: “venir y ver,” “seguir,” “encontrar,” etc. A nivel temático, en ambos casos el primer discípulo comparte con el otro el haber encontrado al Mesías; en los dos casos Jesús reconoce al invitado antes de haberlo encontrado; etc.

Además, estos dos relatos están organizados en una línea de tiempo, con la intención de preparar a los lectores y a las lectoras para el momento culminante que se nos contará en el episodio siguiente. Será en Caná de Galilea, donde Jesús desarrollará su primera señal, la de transformar agua en vino (2:11). Luego aparecerán otras señales que también irán revelando la identidad mesiánica de Jesucristo, su hacedor (ver 2:23; 4:48-54; 6:14; 11:15, 42; 12:37; 20:30).

El esquema temporal está organizado a partir de la repetición en 1:29, 35 y 43 de la expresión “al día siguiente” y de la utilización del complemento circunstancial de tiempo “al tercer día” al comienzo de 2:1. Tenemos así una sucesión de hechos que culminan al séptimo día:
Día 1: 1:19-28
Día 2: 1:29-34
Día 3: 1:35-42
Día 4: 1:43-51
Día 7: 2: 1-11

Así como los días previos están estructurados como preparación para la relevación de la primera señal de Jesús, también la relación de Jesús con sus discípulos debe leerse en la misma dirección. Justamente al culminar el relato de la primera señal, el narrador nos informa que Jesús “manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él” (2:11). En tal sentido, nuestra propuesta es que tanto las manifestaciones de Felipe como las de Natanael en relación con Jesús deben entenderse como expresiones correctas pero al mismo tiempo limitadas sobre la identidad de Jesucristo. En segundo lugar, sólo en el seguimiento a Jesús los discípulos podrán ir creciendo desde su propia imagen del Mesías hasta la que Dios revela en Jesucristo.

 El texto para este domingo puede ser dividido en tres momentos:
1) el encuentro de Jesús con Felipe (vv. 43-44);
2) el encuentro de Felipe con Natanael (vv. 45-46) y
3) el encuentro de Jesús con Natanael (vv. 47-51).

1) Jesús llama a Felipe

Después de haber estado en la zona de Betania (la versión Reina Valera 1995, siguiendo otros manuscritos, dice “Betábara”), donde Juan bautizaba (ver 1:28, 35), Jesús quiso ir a Galilea (v. 43). No sabemos si en el camino o ya en Galilea encuentra a Felipe y sólo basta que Jesús le diga “Sígueme” (v. 43), para que Felipe lo siga.

El llamado de Felipe es breve y no ofrece más información que su lugar de origen. Felipe es originario de Betsaida, que también era la ciudad de Andrés y Pedro (v. 44). El evangelio ni siquiera registra la respuesta de Felipe al llamado de Jesús. Solamente por lo que le dice a Natanael sabemos de su respuesta positiva. Después sí Felipe ocupará un lugar de relevancia entre los discípulos (ver Juan 6:5-7; 12:21-22; 14:8-9).

Si comparamos esta sección de nuestro texto con el relato previo sobresale el hecho de que Andrés y el otro discípulo siguen a Jesús a partir de la indicación que les da Juan de que Jesús es el “Cordero de Dios” (1:36-37). En el caso de Felipe, es Jesús quien lo encuentra y lo llama.

2) Felipe y Natanael

Haciendo lo mismo que Andrés, que una vez llamado por Jesús conduce a Simón Pedro hacia Jesús (1:41-42), Felipe lleva la noticia a Natanael. Andrés se refirió a Jesús como el Mesías (1:41). Ahora Felipe, al llamar a Natanael, explica un poco más el título de Mesías: “Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés, en la Ley, y también los Profetas: a Jesús hijo de José, de Nazaret” (v. 45). Lo que quiere decir Felipe es que en Jesús se daba cumplimiento a las expectativas mesiánicas de Israel.

La designación de Jesús realizada por Felipe no es incorrecta, pero se queda corta. Las lectoras y los lectores sabemos que el origen histórico de Jesús describe solamente la mitad de su identidad. Por el prólogo (1:1-18) y las palabras de Juan (1:19-34) sabemos que además de ser hijo de José y nacido en Nazaret, Jesús existía en el principio y que estaba con Dios, etc.

Por otro lado, la mención de Nazaret es muy importante a la hora de comprender la cristología juanina. Es cierto que el evangelista Juan pone énfasis en el carácter divino de Jesús, pues era lo que algunos cuestionaban. Pero habría sido un error negar el carácter histórico y humano de Jesús, tal como posteriormente lo harían los docetistas. El error de los primeros docetistas es precisamente el que tendrá que corregir la primera carta de Juan.

La mención de Nazaret es además lo que conduce a Natanael a cuestionar el entusiasmo de Felipe. Natanael no es tan presuroso como Simón Pedro. Responde prejuiciosamente sobre el origen de Jesús: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” (v. 46). Felipe no argumenta al respecto. Solamente lo invita a ir y confirmarlo por sí mismo.

La respuesta de Felipe a Natanael “ven y ve” (v. 46) es casi idéntica a la de Jesús a los dos discípulos de Juan cuando les dijo “venid y ved” (1:39). Ésta está en plural y aquella en singular. Lo relevante es que parece que hay respuestas que no se pueden dar sin el encuentro directo con Jesucristo. Solamente eso despeja las dudas y permite conocer quién es Jesús.

3) Jesús y Natanael

En el diálogo siguiente, Felipe queda fuera de la escena. Ahora el encuentro es entre Natanael y Jesús. Antes de que Natanael pueda decir nada, es Jesús quien toma la iniciativa y lo saluda: “¡Aquí está un verdadero israelita en quien no hay engaño!” (v. 47; ver también Sal 32:2 e Is 53:9). Esta mención no deja de ser enigmática; es posible que sea una referencia a Jacob quien en Gn 27:35-36 es descripto dos veces como quien engaña. Siguiendo esta línea, hay quienes ven en Natanael de alguna manera una representación de todo Israel. Raymond Brown dice: “Boismard… ha popularizado otra interpretación de ‘israelita de veras’, partiendo de la antigua etimología popular (errónea) que explica el nombre de ´Israel´ en términos de ‘ver a Dios’. Natanael merecería el nombre de ‘Israel’ porque verá a Dios, del mismo modo que Jacob vio a Dios cara a cara, cuando su nombre fue cambiado por el de Israel (Gn 32,27-30).”1

Sin embargo, lo más rico está todavía por venir. Natanael, sospechando estar frente a un charlatán, le pregunta a Jesús: “¿De dónde me conoces?” (v. 48). Y Jesús le contesta que lo había visto cuando estaba sentado debajo de la higuera, antes de que fuera llamado por Felipe (v. 48).

Las manifestaciones de conocimiento sobrenatural son utilizadas en el evangelio para mostrar el carácter divino de Jesús. De hecho es esto justamente lo que lleva a Natanael a creer que Jesús es el hijo de Dios (v. 49). No obstante Natanael, tal como sucedió anteriormente con los otros discípulos, tiene una visión de Jesús en la que se captan algunos elementos que luego el evangelio mostrará como acertados, pero también otros, como los títulos de “Rabí” y “Rey de Israel,” que serán problematizados.

La respuesta final de Jesús en el v. 51 parece una referencia clara al sueño de Jacob en Betel, narrado en Gn 28:10-22. En su sueño Jacob ve ángeles bajando y subiendo por una escalera. Sin embargo en Juan se produce un cambio respecto de aquel texto: Jesús toma el lugar de Betel. Después del sueño narrado en Gn 28, Jacob define al lugar como “casa de Dios y puerta del cielo” (Gn 28:17). Según el evangelio, es Jesús quien es la casa de Dios; en él habita Dios, y él mismo es la puerta del cielo (Ver Jn 14:6).

Por otro lado, a diferencia de todos los títulos que le dan a Jesús los discípulos llamados por él, Jesús mismo prefiere llamarse “Hijo del hombre.” Este título aparecerá repetidas veces en los primeros 13 capítulos del evangelio: 1:51; 3:13-14; 5:27; 6:27, 53, 62; 8:28; 9:35; 12:23, 34; 13:31.

La respuesta de Jesús a Natanael en el v. 51 no está dirigida, sin embargo, sólo a él. La respuesta está en segunda persona plural: “os digo.” Cuando Jesús los recibe, sus discípulos sólo tienen una incipiente comprensión de la identidad de Jesús. En el camino Jesús les irá mostrando cosas mayores que irán revelando la auténtica identidad de Jesucristo.

Conclusión

El texto para este domingo nos invita a pensar en cómo se va formando el grupo de discípulos de Jesús. Algunos son “conducidos” por Juan y vienen por su propia voluntad (Andrés, el otro discípulo), otros son llamados (Felipe) y otros son convidados por los discípulos (Simón Pedro, Natanael). Este grupo de discípulos se acerca con una comprensión de quién es Jesús basada en las expectativas mesiánicas de su tiempo y condicionados por su contexto. Jesús no rechaza esas “pre-comprensiones.” Al contrario, las recibe. Pero a lo largo del ministerio de Jesús se irán revelando como parciales o inadecuadas. Es en el seguimiento que se conoce verdaderamente quien es Jesús; el conocimiento acabado de quién es Jesús no es el punto de partida para la comunión con él.


Notas:

1 Raymond Brown, El Evangelio según Juan. Introducción, traducción y notas, 305.


Bibliografía Utilizada:

Brown, Raymond. El Evangelio según Juan. Introducción, Traducción y Notas. Madrid: Cristiandad, 1999.

Bultmann, Rudolph. The Gospel of John. A Commentary. Oxford: Basil Blackwell, 1971.

Croatto, Severino. “Jesús a la luz de las tradiciones del éxodo. La oposición Moisés/Jesús en Jn. 6.” RIBLA 17 (1994): 35-46.

Moloney, Francis J., y Daniel J. Harrington. The Gospel of John. Collegeville, Minn: Liturgical Press, 1998.

Richard, Pablo. “Claves para una re-lectura histórica y liberadora (cuarto evangelio y cartas).” RIBLA 17 (1994): 7-34.

Sloyan, Gerard. Giovanni. Torino: Claudiana, 2008.