< December 28, 2014 >

Comentario del San Mateo 2:13-18

 

¡Brutal y cruel!

Este es un pasaje brutal y cruel. Es acerca del poder. Un líder tirano teme que otra persona le quite su poder, y no escatima en hacer todo lo que está a su alcance para destruir cualquier posibilidad de competencia en su contra. No importa lo que sea necesario hacer, siempre y cuando el enemigo sea destruido. En el centro de esta tragedia están José, María y Jesús, y ellos son precisamente el blanco de este acto político.

El rey Herodes mandó a matar a todos los niños menores de dos años de edad. Sucedió una masacre, un río de sangre en Belén. Sufrimiento, dolor y destrucción. Un desastre. Y ante este desastre perdemos las palabras, nos quedamos con gemidos y lamentos, con llanto y sin consolación: “Voz fue oída en Ramá, grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos y no quiso ser consolada, porque perecieron” (v. 18).

El acto de Herodes se puede comparar con la reciente matanza despiadada de niños en Palestina. Este es un desastre ante el cual no muchas personas levantan sus voces en contra. El poder sin contrapesos y el odio hacen sufrir a los pequeños. El acto de Herodes también se puede comparar con el desastre de los niños que cruzan el desierto de México y los Estados Unidos tratando de encontrar una vida nueva en los Estados Unidos. Niños mueren, pierden padres, pasan hambre y son abusados. ¡Un desastre que está sucediendo en nuestro propio territorio! Si queremos ser ministros y ministras y tener voces proféticas en nuestro tiempo, tenemos que levantar nuestras voces en contra de los desastres y abusos de los que son víctimas nuestros niños y niñas hoy.

La situación de muchos de nuestros inmigrantes es exactamente la misma. José recibió la voz del ángel y tuvo que tomar a María y a Jesús en medio de la noche, sin ningún tipo de plan, y debieron huir hacia otro país del que no eran ciudadanos. Se convirtieron en una familia indocumentada; Jesús pasó a ser un ciudadano “ilegal.” Ninguno de ellos tenía dónde quedarse y tuvieron que depender de la misericordia de los egipcios. En otras palabras, José, María y Jesús pasaron a ser como las miles de familias que huyen a los Estados Unidos en la actualidad, buscando protección en contra de los carteles de drogas, la violencia de maras y pandillas, y otras dificultades en sus países.

Vivimos bajo la presencia enfurecida de algunos líderes nacionales a quienes no les importan ni se preocupan por la vida de las personas ni por la posibilidad de que esas personas mueran. “Cualquier inmigrante, no importa su condición, tiene que irse lejos.” Presentan a los inmigrantes como una amenaza para el bienestar de este país, cuando la verdadera amenaza para la economía y la vida de este país es el hecho de que estos líderes no se preocupan por los menos afortunados. La amenaza real es la enorme y alarmante brecha de diferencias económicas entre las clases sociales. ¡Una y otra vez, sólo un pequeño grupo se queda con todo el dinero de este país! No son muchos los que saben que los inmigrantes en este país, o sea, nuestra gente, trabajan por debajo del salario mínimo, viven por debajo del umbral de pobreza, y hacen el trabajo que ningún otro quiere hacer. Tampoco es muy sabido que aun los indocumentados pagan impuestos. Lo cierto es que los inmigrantes indocumentados son necesarios para que esta economía sobreviva. Los inmigrantes impulsan y estimulan esta economía, entre otras cosas.

Predicar sobre este pasaje hoy en los Estados Unidos significa tomar la decisión e invitar a otras personas a tomar la decisión de continuar la lucha en favor de los inmigrantes de este mundo. Si Jesús naciera en Centro América o México hoy, sería uno de nuestros niños indocumentados cruzando el desierto. José sería obligado bajo amenazas a trasladar drogas a costa de su vida, y María sería una alta candidata a ser violada en el desierto. Más aún, quizás serían detenidos y llevados a alguna de las cárceles privadas en las fronteras del país que, a consecuencia del llamado “mandato de cama” (bed mandate) y para mantenerse rentables, están obligadas a conservar a un determinado número de individuos encerrados.

¿Cuál es nuestra teología hoy? ¿Por quién estamos tomando partido? ¿De qué lado o entre quiénes estamos predicando hoy? Estamos llamados y llamadas a desafiar los poderes presentes que destruyen la vida de las personas en aras de dinero y de más poder. No podemos permitir que este sistema haga estragos sin una palabra profética salida de nuestras bocas que diga que las riquezas de Dios deben pertenecerles a todos y a todas y no solo a unos pocos. ¡No podemos permitir que ciertas personas vayan a la cárcel para que otras personas ganen dinero! ¡No podemos dejar que el Estado Federal permita una cosa semejante! ¡No podemos permitir que los inmigrantes sigan siendo explotados!

Como predicadores y predicadoras del evangelio, somos desafiados por los muchos desastres que ocurren en nuestros días. Los pastores y las pastoras enfrentamos estos desastres a diario. Ser pastores y pastoras hoy, ser teólogos y teólogas hoy, requiere que trabajemos con los pobres y con los inmigrantes para prevenir desastres y que levantemos una voz profética en contra de los poderes presentes que siguen matando y segregando.

Aquí está el problema (conundrum): mientras que tan sólo unos días atrás estábamos anunciando que Dios viene a vivir en medio nuestro, ahora estamos de vuelta con los desastres de la vida. Nuestra vida es este movimiento constante de la tristeza a la alegría, de la muerte a la vida, del Viernes Santo al Domingo de Resurrección. La verdad es que sólo podemos proclamar el evangelio si no rehusamos hacerle frente a la profundidad de la muerte. Únicamente desde allí podremos levantarnos y decir la verdad del evangelio y anunciar una vida plena.

Jesucristo es una amenaza para el statu quo en todo lugar. Desde el principio, Jesús está conectado con los desposeídos. Y fue gracias a los egipcios que Jesús, María y José sobrevivieron… ¡Fueron extranjeros los que salvaron a nuestro Señor y salvador! Tengámoslo presente cuando prediquemos este evangelio.