< December 25, 2014 >

Comentario del San Juan 1:1-14

 

Nuestra fe se aferra al poder de una Palabra, una palabra fundamental, una palabra que ni siquiera se puede decir pero que vive completamente en medio nuestro.

Es una palabra que crea, inventa, imagina, hace, cambia, mueve, compone, expande, limita, rompe, sana, transforma, espanta, toca, y mucho más, moviendo y volteando las cosas. Esta palabra es Jesucristo, que existe desde antes del tiempo, que siempre ha estado y siempre estará. Hoy, día de Navidad, es el día en que tenemos el valor de pronunciar esta palabra una vez más, pero ahora por primera vez de forma distinta. De repente encontramos que la palabra “Jesús” tiene una nueva frescura en nuestros labios, moviéndose dentro de nosotros y de nosotras y en lugares que ni siquiera conocíamos. Esta Palabra es ahora un verbo, una acción, una Palabra que ha ganado forma y dimensión en los modos de amar.  

Hoy aprendemos que el mundo fue visitado por este amor en formas que nunca habíamos visto, y que aún nos faltan por descubrir. Hoy perdemos los miedos del pasado, presente y futuro. Hoy esta palabra se hace carne y hueso, y logra tocar, mirar, escuchar, alentar, dar calor y presencia. Hoy anunciamos la presencia de Dios en medio nuestro en formas que nunca antes habíamos sentido. ¡Emmanuel! Dios con nosotros y nosotras, en nuestros barrios, en nuestras celebraciones, en nuestras comidas, en nuestro(s) canto(s), en nuestro(s) trabajo(s), en nuestro(s) baile(s).

Hoy abrimos nuestros corazones a todo sin temor. Invitamos al mundo y a todo el universo a ser parte de este gozo, pues todo existe pura y exclusivamente por la pronunciación de esta palabra. Bajo esta palabra honramos la tierra y dejamos de comprar y consumir en exceso. Por intermedio de esta palabra se nos advierte que debemos darle tiempo a la tierra para descansar, para reponerse, para respirar y, así, cambiar nuestra forma de vivir. Esta palabra saca nuestra atención del consumismo y los bienes y nos lleva a enfocarla en el regalo de Dios en Jesús, ¡el único y verdadero regalo que necesitamos!

Pero esta palabra nos pone en una posición difícil, demandándonos que amemos a Dios y a las otras personas de la misma forma en que nos amamos a nosotros mismos y a nosotras mismas. Esta palabra demanda justicia y toma forma en nuestros compromisos sociales y en las personas con quienes elegimos asociarnos. ¿Cómo luce y de qué forma entendemos la palabra “amor” en la esfera pública? El pensador Cornel West dice que la justicia es el nombre del amor en la esfera pública.

¡Bajo el poder de esta Palabra soñamos! ¡Soñamos la posibilidad de un mundo nuevo! ¡Soñamos con un mundo de justicia! ¡Soñamos con una sociedad nueva en la que nadie pase hambre, en la que todos y todas tengan plan médico, un lugar donde dormir, un techo sobre sus cabezas, la posibilidad y las condiciones para estudiar, y el acceso a la satisfacción de las necesidades básicas de la vida! Esta Palabra es la palabra de utopía, de un lugar que es como el reino de Dios, que ya está entre nosotros y nosotras y que todavía no está aquí completamente. No olvidemos que esta palabra decidió vivir entre los pobres y nos llamó, una y otra vez, a cuidar de los más pequeños, la viuda, los extranjeros, los inmigrantes, las madres solteras, los que no tienen hogar, y quienes están excluidos por nuestro sistema de avaricia.

Esta palabra crea un huerto o un jardín en el que todos y todas tenemos un lugar con nuestras diferentes formas de vestirnos, de creer y de vivir. No debemos temer a las personas de otras religiones; más bien debemos invitarlas a comer nuestro mejor banquete y a dormir en nuestras casas, honrando sus creencias y lugar en el mundo. En Cristo Jesús, vamos a decir: “¡Te amamos! Únete a nosotros y a nosotras.” ¡Nuestro Salvador Jesucristo nos ha enseñado a amar y a ofrecer nuestra mejor hospitalidad!

A mí me fascinan las formas en que otras tradiciones religiosas se relacionan con la palabra principal de su fe. Por ejemplo, los musulmanes no dicen la palabra “Dios” antes de lavarse la boca en las mañanas. El pueblo judío no pronuncia la palabra “Dios.” Rubem Alves, un teólogo cristiano de Brasil recientemente fallecido, interpreta el mandamiento “no utilices el nombre de Dios en vano” de la siguiente manera: “No menciones el nombre de Dios si no hace ninguna diferencia.” Esta palabra siempre va más allá de nosotros y de nosotras; se nos escapa, y aun así, siempre nos abruma en formas que nos llevan a un silencio profundo y a una exclamación de alabanza. Pronunciar esta palabra es llevar una vida de santidad, en la que la gracia costosa de Jesucristo es vivida de una forma tan fundamental que nos pone en peligro. Es una vida difícil de vivir, pero radical en su propuesta de vivir juntos y juntas, y eficaz en sus formas de continuar la solidaridad.

Bajo este nombre se crean nuevas posibilidades y nuevas formas de vida. Esta palabra da testimonio de la luz de Dios en el mundo, y esta luz echa afuera la sombra de invisibilidad en la que han sido colocados los pobres. Por el contrario, la luz de Dios trae al lugar santísimo a quienes han sido olvidados por la sociedad. ¡Luz de luz, esta Palabra, Jesucristo, hace brillar su luz sobre todos nosotros y nosotras, haciéndonos iguales a todos y a todas!

Dar testimonio de la gracia y del amor de esta Palabra significa incorporar la encarnación de Jesús en nuestro diario vivir. De esta manera podremos ver la gloria de Dios en su totalidad, la verdad de Dios deshaciendo las mentiras del mundo, y la gracia de Dios redimiéndonos a todos y a todas de nuestras imposibilidades. Como dice nuestro texto: “Y el Verbo se hizo carne y vivió entre nosotros lleno de gracia y verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre” (v. 14).

Hoy, Día de Navidad, esta Palabra inaugura un tiempo de transformación y de bendiciones que no tiene fin. La Navidad es el momento en el que comenzamos, otra vez más, un tiempo de exploración bajo el amor de Dios. Una vez más la Navidad nos transporta al comienzo de nuestras vidas, nos hace ver que Jesús siempre está ahí, y nos ayuda a recomenzarlas.