< November 02, 2014 >

Comentario del San Mateo 23:1-12

 

NO HAGAN LO QUE ELLOS HACEN

1. Jesús acusa a los fariseos y a los escribas de no ser coherentes con sus enseñanzas

Jesús hace una denuncia pública de la hipocresía de los fariseos responsables de interpretar la ley de Moisés en la sinagoga y ante el pueblo judío. La frase “en la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos” (v. 2) podría significar que los fariseos eran los que continuaban la obra de Moisés o los que hablaban con la autoridad de Moisés. Podría ser también que había una silla en la sinagoga en la que se sentaban delante del grupo para enseñar.

En otras ocasiones Jesús les pide a sus oyentes que se cuiden de las enseñanzas de los fariseos (Mt 16:12), pero en este pasaje les pide a la gente y a sus discípulos que guarden y hagan lo que los fariseos y escribas dicen, pero no lo que ellos hacen (v. 3). No critica la ley, sino la práctica de los escribas y los fariseos que no estaba en concordancia con sus palabras. Critica la falta de coherencia entre fe y vida.

2. Prácticas no coherentes con el mensaje

2.1. Exigir lo que ellos no cumplen (v. 4):

“Atan cargas pesadas y difíciles de llevar” es una metáfora que explica que las exigencias de los líderes religiosos al pueblo eran difíciles de cumplir y que ni ellos mismos las cumplían. Jesús acusa a los intérpretes de la ley de poner sobre los hombros de la gente cargas pesadas que ellos mismos no estaban dispuestos a mover ni con un dedo.

Es por eso que Jesús en varios pasajes de los evangelios los llama “hipócritas” (por ejemplo en Mt 21:13), porque con su apariencia de piadosos hacían creer al pueblo que eran rigurosos cumplidores de la ley, pero la verdad era otra. Ellos mismos no cumplían sus propias reglas.

El apóstol Pablo, en su carta a los romanos, les hace el mismo reproche a quienes se llamaban judíos, se apoyaban en la Ley y se gloriaban en Dios: “Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo?” y también: “Tú que te jactas de la Ley, ¿con infracción de la Ley deshonras a Dios?” (Ro 2:17-23).

2.2. Querer ser vistos y admirados por los demás (v. 5):

Los fariseos realizaban sus prácticas religiosas para ser vistos por los demás. Una de sus prácticas vanidosas para ser admirados era la de ensanchar sus filacterias que eran cajitas o fajitas de cuero con fragmentos de pergamino que contenían pasajes del Antiguo Testamento como Dt 6:4-6 y 11:13-21. Estas filacterias se colgaban en la frente o en la muñeca de la mano izquierda.

Otra de sus prácticas era la de extender los flecos de sus mantos. Estos flecos o borlas eran adornos azules en las togas o mantos de oración que les recordaban la Torá (véanse Nm 15:38 y Dt 22:12). Lo que le tocó a Jesús la mujer enferma de flujo de sangre fue precisamente una borla de su manto (Mt 9:20). Los fariseos pretendían que la mayor longitud de las borlas de sus mantos fuera interpretada como señal de una mayor devoción.

En la actualidad tenemos otras prácticas religiosas externas que se realizan para demostrar la “devoción”, y ser admirados/as por los demás. Se me ocurren los siguientes ejemplos:

a) el de los líderes religiosos actuales de algunas “megaiglesias,”  los “ministros de alabanza” y los cantantes que esperan que en los afiches y anuncios en gigantografías figure su mejor foto;

b) el de los autodenominados “apóstoles” que hacen su entrada al templo como los políticos o grandes figuras de la vida pública, escoltados por guardespaldas;

c) el de las iglesias que en la celebración se sientan a ver y a imitar a su líder que aparece en una pantalla, sentado en un sofá como un rey, con los ojos cerrados y repitiendo las mismas frases una y otra vez, como si fueran cantos con gemidos (¡aunque cueste creerlo, lo he visto aquí en La Paz, Bolivia!);

d) el del llamado “evangelio de mercado,” por el cual, al terminar la reunión, se venden las prédicas del líder, lo mismo que pañuelos y listones de tela ungidas por el mismo apóstol o líder.

Todos estos son ejemplos de prácticas religiosas que constituyen muestras de soberbia y vanidad no acordes con el evangelio ni con el ejemplo de Jesús.

2.3. Buscar privilegios (v. 6):

Jesús acusa a los fariseos de amar los primeros asientos en las cenas y las primeras sillas en las sinagogas. Tanto los líderes religiosos del tiempo de Jesús como los de hoy buscan lugares de privilegio, ser reconocidos, sobresalir entre los demás.

Santiago y Juan eran discípulos de Jesús que también anhelaban lugares de privilegio y a través de su madre le pidieron a Jesús que se los concediera. Pero Jesús les dijo que enseñorearse y ejercer potestad o autoridad sobre los demás era una práctica de los gobernantes de las naciones. La práctica de sus seguidores, en cambio, debía ser la grandeza del servicio, siguiendo el ejemplo que Jesús mismo les daba, puesto que el Hijo del hombre “no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por todos” (Mt 20:20-28).

2.4. Buscar reconocimiento (v. 7):

Los fariseos buscaban ser saludados en público y que se los llamase “Rabí.” El tiempo de duración de los saludos era concordante con la dignidad o categoría social de la persona que recibía el saludo.

“Rabí” era un vocablo arameo que se empleaba como título honorífico para designar a los maestros. A los fariseos les gustaba ser reconocidos y respetados como maestros. Otro título honorífico era “Abba” o padre. Jesús les dijo a sus discípulos y a la gente que lo escuchaba: “No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros, porque uno es vuestro Maestro, el Cristo” (vv. 9-10). “Todos vosotros sois hermanos” (v. 8). En el reino de Dios todos los y las creyentes en Cristo somos iguales, sin rangos que nos separen a unos de otros; es un “discipulado de iguales.”

En la actualidad tenemos muchos líderes que sólo con dificultad aceptarían que se los llame únicamente hermano o hermana. Buscan ser nombrados “reverendos” o “doctores,” y aún más que pastores el nuevo título es “apóstol.” Estos líderes buscan el reconocimiento de todos/as y se vuelven inaccesibles para el común del pueblo. Se los ve por las pantallas de los medios de comunicación, y en los púlpitos hermosos de sus grandes y costosos templos, y se tienen que hacer citas con mucha anticipación para ser recibidos en sus oficinas. La enseñanza de Jesús contradice esas prácticas llenas de soberbia.

3. El ejemplo de Jesús: la grandeza del servicio

“El que es el mayor de vosotros sea vuestro siervo, porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (vv. 11-12). No es fácil comprender las palabras de Jesús en relación con la grandeza, ya que para nuestro entender el que es servido y tiene a los demás bajo sus órdenes es el grande o jefe, pero en el Reino de Dios la grandeza consiste en servir a los demás, en hacerse humilde y darse a los demás. La manera de ser grande que enseñó Jesús a sus discípulos es diferente a nuestra lógica y a las prácticas más habituales de este mundo (Mc 10: 42-44).

Jesús demostró con su ejemplo de vida que vino a este mundo a servir y no a ser servido. Con su humillación se hizo obediente hasta la muerte de cruz y justamente por ello Dios “lo exaltó sobre todas las cosas y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil 2:6-11).