< September 21, 2014 >

Comentario del San Mateo 20:1-16

 

Un proyecto laboral donde hay espacio para todos y todas

A Jesús le es impuesta la necesidad de explicar en qué consiste el reino de los cielos. En efecto, si hay una invitación a participar y sujetarse a las leyes de tal reino, urge una comprensión de su dinámica. La narración incluida en nuestro texto quiere cumplir tal objetivo.

El último dato geográfico de la ubicación de Jesús lo tenemos en Mt 19:1. Una vez que acabó de entregar una serie de enseñanzas en Capernaúm (17:24ss), Jesús salió de Galilea para dirigirse a la región de Judea, “al otro lado del Jordán” (19:1). Es en este lugar, simplemente descripto como el “otro lado del Jordán”, donde se encuentra Jesús cuando ocurre lo que nuestro texto narra.

El discurso de Jesús, por su parte, surge como respuesta a la intervención de Pedro en 19:27. Jesús estaba mostrando lo difícil que resulta para un rico entrar en el reino de los cielos (19:23). Decía esto en alusión al encuentro que acababan de tener con un joven que se fue muy entristecido frente a la demanda de vender lo que tenía y darlo a los pobres (19:21-22). Pedro expresará: “Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?” (19:27), ante lo cual Jesús responde que, en efecto, recibirán recompensa, “pero muchos primeros serán últimos, y los últimos, primeros” (19:30). Nuestro texto, frecuentemente llamado “parábola de los viñadores,” viene a ser la ilustración de la respuesta que Jesús acaba de dar a Pedro.

La figura del propietario que va en busca de sus propios jornaleros (v.1) no resulta demasiado extraña. De hecho, mientras que los propietarios de haciendas grandes tenían encargados para tal efecto, los propietarios de haciendas medianas se ocupaban ellos mismos de estos asuntos. De cualquier manera, reclutar jornaleros resultaba más barato que mantener esclavos.1

Lo que sí resulta un poco extraño a primera vista es la aparente falta de planificación del propietario (vv. 2-5). Una y otra vez sale e invita a nuevos trabajadores. Luego del primer viaje por la mañana, vuelve a salir “cerca de la hora tercera del día” (v. 3), o sea, a las 9, luego “cerca de las horas sexta y novena” (v. 5), o sea, a las 12 y a las 3 de la tarde, y, finalmente, “cerca de la hora undécima” (v. 6), o sea, a las 5 de la tarde, cuando ya casi no quedaba día para trabajar. Un comportamiento tal no cuadra con lo esperable de un buen agricultor, lo cual, ciertamente, ha provocado la búsqueda de un sentido profundo en todos aquellos y aquellas que por siglos han leído este texto.

Para el momento del pago, el “hombre, padre de familia” (v. 1) se ha convertido en “el señor de la viña” (v. 8), lo cual no pudo pasar inadvertido para los conocedores del canto de la viña de Isaías (Is 5:1-7). Este detalle de la referencia velada al canto de la viña, sumado al orden en que el señor de la viña entrega el pago, esto es, los últimos van primero, impulsa a los lectores a esperar algo extraordinario al final de la narración.

Y este final llega con la declaración de la generosidad del señor de la viña (vv. 10-15). Éste tiene el derecho de hacer lo que quiera con lo suyo, y ha decidido ser generoso, lo cual provoca la envidia de los jornaleros contratados por la mañana (v. 15).

Consideraciones homiléticas

El elemento que quisiéramos proponer como posibilidad para la predicación es el que surge de vincular la intervención de Pedro en Mt 19:27 con nuestra parábola, es decir, la participación que todos y todas somos llamados y llamadas a tener en el reino de los cielos.

Expresado en los términos de las narraciones bíblicas habría que decir que mientras que algunos, habiendo cumplido la ley desde la juventud (19:20), quedan marginados de su participación en el reino de los cielos, a la cual habían sido convocados por el llamado de Jesús a seguirle (19:21), otros, sobre cuya moralidad pasada nada sabemos, han entrado en el reino de los cielos por su obediencia al llamado de Jesús (19:27).

Hemos construido una sociedad donde hay muchas viñas y viñadores. Pero la nuestra es también una sociedad donde muchos quedan marginados de la participación en estos grandes proyectos de vida. La viña, cuyo funcionamiento se nos presenta aquí como ilustración del reino de los cielos, es un ámbito donde el antecedente de la conducta pasada y del respeto ganado no es tomado en cuenta para ser convocados ni para la paga final del trabajo. Se trata de un reino donde la discriminación a priori no tiene lugar.

Muy por el contrario, todos tenemos espacio en la viña del Señor. Y el Señor también nos dirige a nosotros y a nosotras la pregunta marcada en el texto: ¿Y ustedes qué hacen ahí parados y paradas? (20:6).

 


 

1 Ulrich Luz, El Evangelio Según San Mateo. Mt 18-25, vol. III (Salamanca, España: Sígueme, 2003), 197.