< August 03, 2014 >

Comentario del San Mateo 14:13-21

 

Los evangelios de Mateo y Marcos incluyen cada uno dos relatos de multiplicaciones, a una multitud de “unos 5000” y a otra de “unos 4000” varones (más las mujeres y niños/as presentes, por lo que ¿podríamos hablar de un promedio conservador de 3 personas más por cada varón?).

Nuestro texto para este domingo es la primera de estas multiplicaciones, que al igual que la primera multiplicación en Marcos, está relacionada con el envío de los/as discípulos/as a la misión sin alforja ni bolsa de dinero, su regreso, y la noticia de la ejecución de Juan el Bautista durante un banquete de Herodes. ¡Aquí hay en juego mucho más que la cantidad de panes o peces! En Marcos, la secuencia es más fácil de seguir (cap. 6), pues Mateo interpone materiales entre el envío de los discípulos/as que se narra en 10:1-15 y el miedo de Herodes y la decisión de mandar a matar a Juan el Bautista durante el banquete que se narra en 14:1-12.

La perícopa de Mateo 14:13-21 comienza con el retiro infructuoso de Jesús a un lugar solitario (v. 14), sigue con el diálogo con sus discípulos/as (vv. 15-18) y finaliza con la comida abundante (vv. 19-21). Aunque a primera vista diversos, estos materiales permiten contrastar el banquete mortífero de Herodes con el banquete de vida de la multitud. Y entre ambos, el desafío de Jesús a la mirada práctica, pero también egoísta, de la iglesia: “Despide a la multitud para que vayan por las aldeas y compren algo de comer” (v. 15b). Nótese que no son el narrador ni Jesús, sino los discípulos, quienes sugieren despedir a la gente para que fuera a comprarse comida; quizás la gente estaba tan feliz de estar allí con su maestro que nada le importaba. Además, me imagino que cada madre sacaría de su canasta unos panes y fruta que habría llevado, sabiendo que alguien pronto empezaría a decir: “¡tengo hambre, tengo sed!”

La multiplicación de los panes tiene su antecedente en la figura del profeta Eliseo, un campeón del pueblo empobrecido en tiempos del rey Acab, quien salvó a mucha gente de envenenarse con una mala hierba agregada al guiso, multiplicó el aceite de una viuda a punto de vender a sus hijos como esclavos y salvó a un trabajador de endeudarse al perder el hacha que le habían prestado. Los milagros del profeta Eliseo buscaban devolver la dignidad al ser humano mediante pequeñas acciones urgentes y necesarias para la supervivencia.

Según 2 Re 4:42-44, un hombre de Baal-salisa le llevó como ofrenda 20 pancitos de cebada y trigo nuevo, las primicias de su cosecha, como establecía la ley. No conocemos las intenciones de este hombre, pero podemos imaginarnos que quería homenajear al profeta de Dios. Sin embargo, y a pesar de que la lógica aconsejaba lo contrario, Eliseo decidió repartirlos entre los cien hombres con quienes estaba, en lugar de guardárselos. Como en el evangelio, le toca a su ayudante poner una nota de “cordura económica”: “¿Cómo podré servir esto a cien hombres?;” pero la lógica del Reino no es la de las matemáticas y menos aún la de la mezquindad. Para Eliseo, repartir los panes y saciar a la multitud son una misma acción profética: “comerán y sobrará” (2 Re 4:43).

Hay un texto poco conocido que puede darnos una clave importante para nuestra prédica. Según 2 Crónicas 30-31, el rey Ezequías restableció algunas prácticas religiosas que se habían perdido, como la Pascua y las ofrendas al templo. En consecuencia, las cosechas fueron tan abundantes que “sus “primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de la tierra” (v. 5),“los diezmos de las vacas y de las ovejas” (v. 6) y “los diezmos de lo santificado” (v. 6) se acumularon a montones.

La generosidad divina produce abundancia. Cuando la relación del pueblo con Yavé es la correcta, la generosidad divina debe “traducirse” en solidaridad entre los seres humanos: nadie debe pasar hambre. Ese es el contraste entre la época de Eliseo (cuando el culto a otras divinidades permitía al rey y al pueblo olvidarse de la justicia y la solidaridad; ver 1 Reyes 21) y la época del rey Ezequías, cuando la abundancia de ofrendas hacía que hubiese para repartir.Por eso las palabras y la acción de Eliseo son un gesto profético, como diciendo: Vuélvanse al Señor y vivirán plenamente; tendrán pan en abundancia, solidaridad y paz mutua.

Seguro que la gente que fue invitada a recostarse (la clase alta comía recostada, servida por esclavas/os) y fue atendida por los y las discípulos/as de Jesús se acordó de Eliseo y de sus acciones, de cómo se habían saciado. Y, de nuevo, comieron y sobró, porque también la acción de Jesús es profética: Vuélvanse al Señor y vivirán plenamente…

Una posible prédica

A veces pensamos que la solución a nuestros anhelos es mudarnos a un país o una región más rica, con mejores sueldos y mejor standard de vida. En nuestros sueños no pensamos en el precio del cambio en diversos aspectos de nuestra vida, desde lo cultural y religioso a lo económico y familiar. Como los discípulos de Eliseo y de Jesús, optamos según lo que sea conveniente para nuestro entorno inmediato, sin denunciar el sistema idolátrico detrás de nuestra falta de pan diario. Pero la fe se muestra en la compasión. La fe de Eliseo, en asegurarse de que en aquel tiempo de crisis política y religiosa, con un rey que prefería los dioses paganos a Yavé, los sectores más vulnerables de la sociedad no murieran. Y la compasión de Jesús se muestra en que acepta a esa multitud (aunque quería estar solo porque estaba triste), en que la alimenta (aunque más adelante el Evangelio nos dice que sabía que lo seguían porque les daba pan) y en que desafía a la iglesia a ser solidaria y a dar gratuitamente, como ha recibido (aunque una y otra vez vuelva a los viejos modelos).

¿En qué se muestra la compasión de la iglesia hoy?