< July 27, 2014 >

Comentario del San Mateo 13:31-33, 44-52

 

La primera reacción a la perícopa propuesta es que hay demasiado contenido para poder abarcarlo todo.

Sugiero elegir, teniendo en cuenta la comunidad y la continuidad de un domingo a otro, en lugar de sobrevolar todos los temas sin profundizarlos. Para ello ofrezco algunas ideas sobre cada parábola y una reflexión más general, que pueden adaptarse.

El capítulo 12 de San Mateo nos habla de cómo una curación en sábado se convierte en fuente de alegría y posiblemente de seguimiento a Jesús de algunas/os, pero en algunos fariseos desata la confabulación para matarlo. Ulrich Luz nota que hasta aquí Jesús había proclamado el Reino, pero no había hablado sobre éste en parábolas.1 Llega el desafío de comprender, pero ¿qué es lo que hay que comprender? El discurso del capítulo 13 está dividido en dos secciones: la primera dirigida a la multitud (vv. 1-34) y la segunda al grupo de discípulas/os (no a los apóstoles; vv. 35-52). Por tanto, es distinto lo que hay que comprender; y aquí quizás cada predicador/a deberá preguntarse si este domingo anunciará a la multitud que no comprende o al “escriba docto en el reino de los cielos” (v. 52).

Mt 13:31-32 compara el Reino de los Cielos con la semilla más pequeña (mostaza negra). Las palabras de Jesús incluyen la parábola y una explicación que muestra cómo el crecimiento es enorme, de una semilla casi invisible a un árbol capaz de soportar el peso de aves sobre sus ramas. ¿Por qué hacía falta una explicación? Quizás la comparación no era lo suficientemente clara; quizás era tan contracultural que no se hubiera pensado en ella sin una ayuda pedagógica como la explicación; o quizás para el tiempo del evangelio de Mateo era necesaria una cierta clausura del sentido, de modo que la explicación ayudara a concentrarse en … ¿pero en qué desea concentrarse: en el contraste entre lo pequeño y lo grande, en la acción invisible (dentro de la tierra), en la fuerza de una semilla cuando se convirtió en árbol? Aun con la explicación, el sentido del texto sigue abriéndose a múltiples interpretaciones. Por otra parte, el peligro (del texto y del sermón) está en entretenerse en una pseudo-clase de botánica y no llegar al desafío de la comparación: la semilla plantada, germinada y convertida en árbol es como el Reino de Dios. (Algunos comentarios hablan de “imperio”, lo cual es acertado considerando que el entorno del Nuevo Testamento es el del Imperio Romano; sin embargo, hoy la palabra tiene otra connotación y por eso prefiero “Reino”).

La segunda comparación, en el v. 33, pasa del mundo de la naturaleza a la vida cotidiana: el Reino es como cuando una mujer mezcla fermento, harina y agua. La masa y la semilla crecen solas, aunque ambas requieran del ambiente propicio (tierra, humedad, harina, calidez). Hay algo muy gratificante en ver crecer la masa hasta salirse del molde, ¿verdad? Sin embargo, para una audiencia judía, el fermento es contaminante y cada año, para Pésaj, debe eliminarse. ¿Quizás se quería aludir al descontento que las enseñanzas y acciones de Jesús y la iglesia provocaban en los religiosos y la sociedad? ¿O solamente buscó un ejemplo cercano a las mujeres del pueblo o las esclavas del palacio?

La segunda parte de la perícopa incluye más parábolas sobre el Reino, así como una conclusión—enigmática—de Jesús. El auditorio es, según el v. 36, el grupo de discípulos/as que ya conocen a Jesús y comparten con él el espacio de la casa. A diferencia de las de los vv. 31-33, estas comparaciones tienen diversas intenciones: les habla del valor del Reino, que merece dejar todo para obtenerlo (vv. 44-46); del fin de los tiempos, cuando los ángeles de Dios “apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego” (vv. 49-50); y de “todo escriba docto en el reino de los cielos” (v. 52). Es evidente que Mateo ha compuesto su discurso buscando responder a diversas preocupaciones: porqué hay quienes no aceptan el Reino, porqué hay quienes a pesar de haberlo aceptado tienen una conducta incompatible (a los ojos de algunos/as) con dicho Reino, cómo relacionarse con la sociedad judía que no acepta a Jesús, cuándo terminará todo esto, y otras.

Si bien en nuestras comunidades no abundan los/as mercaderes de productos exóticos, sino el comercio mediano o pequeño, esta situación laboral parece ser la más afín a nuestra realidad. Además, ofrece la ventaja de que el mercader sabe de su especialidad, puede reconocer la perla valiosa y toma una decisión según dicho conocimiento; y la decisión de mantener la perla valiosa o de venderla más adelante (aunque no está explicitada en la parábola) indica que la acción de elegir el Reino (vender todo por una única perla de valor) no es la última decisión que se nos pide; la vida cristiana no termina con nuestra conversión o bautismo, sino que comienza allí. En este sentido, la parábola permite corregir algunos mensajes evangelísticos muy simplistas, según los cuales toda la vida cristiana se concentra solamente en el día y la hora de la conversión.

Lo interesante es que el desafío es a dejar todo por el Reino que ya se ha descubierto (el tesoro en el campo o la perla especial) cuando, en teoría al menos, estos varones y mujeres de los más diversos orígenes que escuchan el evangelio ya han dejado todo: ¿habría dudas, deserción? Los evangelios no son ingenuos. El mensaje de Jesús no es sencillo de entender; no es para quienes prefieren quedarse en la duda, la comodidad, la riqueza o la hipocresía. El Evangelio requiere nuestra decisión diaria, pues una vez hallada la perla preciosa, vendemos todo con tal de tenerla. Y después, cada día decidimos si vale la pena conservarla o no.

Para enfocar la homilía será necesario elegir si deseamos concentrarnos en: a) la continuidad entre la semilla-árbol o la levadura-masa para hablar de un Reino que comienza muy insignificante pero lo abarca todo; b) la sabiduría y valentía del comerciante o el campesino, que no dudan en gastar todo lo que tienen para comprar lo que realmente vale; c) la dinámica regalo-acción: en todas estas parábolas, el Reino es dado, no se logra por acción humana; la mejor acción humana es reconocer su presencia y no dudar en “tenerlo.” Pero la de las redes agrega otra dimensión, la acción ética o de vida, acorde con esta decisión: los ángeles seleccionarán y desecharán a “los malvados” y dejarán a “los justos” (varones y mujeres, claro). La parábola no indica qué tipo de conducta es aceptable o no (y a los ojos de su sociedad ¡la de Jesús no era, precisamente, la mejor conducta social!), por lo cual sugiero evitar el moralismo y concentrarse en la coherencia de nuestras acciones con expectativas, esperanzas, temores, etc.

 


 

1 Ulrich Luz, El Evangelio según San Mateo: Mt 8-17 (Vol. 2; Sígueme, Salamanca, 2001), 390-391.