< May 04, 2014 >

Comentario del San Lucas 24:13-35

 

Durante la temporada de Pascua leemos los relatos de las apariciones de Jesús resucitado que se han conservado en el Nuevo Testamento.

El relato de Lucas 24:13-35 afirma que Jesús resucitado se hace presente ante todos los seguidores y las seguidoras de Jesús que experimentan pérdidas y dificultades, y no solamente ante los discípulos que tuvieron las experiencias narradas en el Nuevo Testamento.

El pasaje se puede dividir en cuatro secciones: el encuentro de Jesús con los dos discípulos en el camino a Emaús (vv. 13-16), su conversación mientras caminaban juntos (vv. 17-27), la comida que comparten en Emaús (vv. 28-32) y el regreso a Jerusalén para reunirse con los otros discípulos (vv. 33-35).1

El versículo clave de la primera sección que comprende los vv. 13-16 es el último. Nos dice que los dos discípulos que iban hacia Emaús no pudieron reconocer a Jesús cuando se les acercó y se puso a caminar con ellos, a pesar de que hablaban de las cosas que acababan de sucederle a Jesús. El motivo de la aparición divina que no se reconoce inicialmente tiene precedentes en la Escrituras judías, como cuando Abraham acoge tres hombres sin darse cuenta de que son ángeles (Gn 18:1-22). La narración de Lucas ha establecido una situación de ironía. El lector o la lectora saben que se trata de Jesús, pero los personajes del relato no. El suspenso para el lector y la lectora está en que no sabemos cuándo y cómo estos discípulos se darán cuenta de que Jesús está en medio de ellos.

Jesús inicia la conversación que ocurre en los vv. 17-27 preguntándoles de qué venían hablando y porqué estaban tristes. La respuesta del discípulo que se llama Cleofas indica que ellos suponen que Jesús es uno de los muchos peregrinos que habían ido a Jerusalén para la fiesta de la Pascua judía. La palabra traducida como “forastero” (paroikeis) se aplicaba justamente a un visitante extranjero temporario.2

En la respuesta de Cleofas en el v. 18 se advierte la sorpresa que le genera el hecho de que el forastero no esté al corriente de lo que ha sucedido. De manera conmovedora, su actitud de sorpresa revela lo devastado que está Cleofas. ¿Cómo puede Cleofas esperar que cualquiera de los miles de visitantes a Jerusalén en esos días supiera lo que había sucedido con Jesús? Cuando uno está pasando por un momento de profundo dolor y tristeza, se hace difícil aceptar que los demás sigan adelante con sus vidas y no compartan nuestro dolor. La ironía de la pregunta de Cleofas a Jesús es que los eventos a los que alude le pasaron a este mismo “forastero” con quien está hablando.

En el original griego, la pregunta de Jesús a Cleofas en el v. 19 (“¿Qué cosas?”) es formulada con una sola palabra (poia). En contraste, la respuesta de Cleofas y del otro discípulo a esta pregunta ocupa seis versículos (vv. 19-24). Por medio de la forma larga de esta respuesta, la narración de Lucas sigue indicando que estos discípulos están sumamente afligidos y extenuados por lo que ha sucedido.

Cleofas y su compañero explican los eventos de los días anteriores. En el v. 21, lamentan que sus esperanzas no se han cumplido, ni siquiera en este “tercer día,” el día en que Jesús mismo había predicho que resucitaría (9:22; 18:33; 24:7). La última frase de su resumen termina con el detalle de que los que fueron al sepulcro “no lo vieron” (v. 24), reforzando así la idea de que sus esperanzas habían quedado frustradas. La ironía que Lucas ha puesto en marcha es intensa: estos dos discípulos están experimentando una aparición de Jesús resucitado precisamente en el tercer día, y sin embargo se desesperan por el “error” de haber colocado su fe y esperanza en Jesús.

Las palabras de Jesús en el v. 25 no son particularmente simpáticas hacia ellos. Les dice que son “insensatos y tardos de corazón.” Su opinión es que “todas las Escrituras” revelan un Mesías cuya gloria viene a través del sufrimiento (v. 25-27). Entre los judíos en Palestina en el primer siglo había varias expectativas mesiánicas diferentes, pero la idea de un mesías sufriente iba en contra de estas expectativas. Los que llegaron a creer que Jesús era el Mesías tuvieron que interpretar las Escrituras de una manera nueva con el fin de poder ver cómo Jesús las cumplió. En los vv. 25-27, Lucas atribuye a Jesús, quien “les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (v. 27), la práctica de la interpretación cristológica del Antiguo Testamento desarrollada por los primeros cristianos.

A pesar del conocimiento de las Escrituras que les muestra Jesús, los discípulos continúan sin reconocerlo, y por lo tanto, el suspenso sigue aumentando. Sólo después de que le ofrecen su hogar para pasar la noche y de que comparten con él el pan, reconocen a Jesús y el suspenso se termina (vv. 28-32). Jesús se manifiesta más plenamente en medio de ellos en este acto de hospitalidad y compañerismo.

Después de esta revelación, ellos vuelven a Jerusalén con la intención de contarles a los demás discípulos lo que les ha pasado (vv. 33-35). Y resulta que allí los once los estaban esperando con la noticia de lo que Cleofas y el otro discípulo ya habían experimentado por sí mismos, que “ha resucitado el Señor verdaderamente” (v. 34). Les dicen a los once cómo habían reconocido a Jesús “al partir el pan” (v. 35).

El texto nunca nos informa sobre la identidad del discípulo que camina con Cleofas. Se han propuesto varias teorías al respecto, que sugieren que este discípulo puede ser Pedro o la esposa de Cleofas. Independientemente de quien sea el otro discípulo de quien habla Lucas, el hecho de que este discípulo se queda sin identificación nos invita a ponernos en su lugar. Todos y todas sabemos lo que es experimentar la pérdida y la desilusión. En otras palabras, sabemos lo que se siente al estar en el camino a Emaús que estos discípulos estaban transitando. El pasaje afirma que Jesús se hace presente en medio de nosotros y nosotras incluso en esos momentos de desesperación.

El pasaje también sugiere que para los cristianos y las cristianas, la esperanza puede encontrar su acicate y su motivación en las Escrituras y en el acto de compartir la mesa con otros y otras, incluyendo al extranjero. Podemos leer las Escrituras para aprender cómo la obra de Dios es convertir una y otra vez la experiencia del sufrimiento en una experiencia de liberación y de gloria. Más que nada, en nuestra comunión de unos con otros, y en la oferta sincera de nuestra hospitalidad y compañerismo hacia el extranjero, la presencia de Jesús resucitado se hace plenamente visible en el mundo.

 


 

 1 Joseph A. Fitzmyer, The Gospel According to Luke (X–XXIV) (Anchor Bible 28 A; New York: Doubleday, 1985), 1559.

 

2 Fitzmyer, Luke, 1564.