< December 29, 2013 >

Comentario del San Mateo 2:13-23

 

Hoy, el primer domingo de la Navidad, hay, en sólo once versículos, varios temas entre los cuales el predicador o la predicadora pueden escoger para desarrollar en el sermón: la fidelidad de parte de José y la hostilidad de parte de Herodes, la protección para Jesús pero el sufrimiento para “los niños inocentes,” y el tema de cómo los planes de Dios se cumplen a pesar de la oposición humana. Más que nada, oímos de “Dios con nosotros” – Emanuel.

Contexto de nuestra historia

El capítulo 2 de San Mateo nos ofrece dos historias: la visita de los sabios del oriente y “la matanza de los niños” con la fuga de Jesús y su familia. Dado que nuestro texto incluye sólo la segunda historia, pero empieza con “Después que partieron ellos…,” será necesario dar algo de contexto. Hemos oído del nacimiento de Jesús (“hijo de David, hijo de Abraham” – 1:1) en Belén, y la llegada de los sabios del oriente en su búsqueda del recién nacido “rey de los judios” (2:2). Los sabios del oriente, gentiles, adoraron a Jesús, y regresaron a su país sin dar al rey Herodes la información que él les había pedido sobre el paradero del bebé.

Hostilidad y fidelidad

En la historia de los sabios del oriente, Mateo nos anticipa la manera en que Jesús, durante toda la vida, va a experimentar la hostilidad de los que se sienten amenazados por él, y la alabanza y la fidelidad de quienes lo aceptan como rey, Cristo, Emanuel.

Frente a la llegada de Jesús al mundo, Herodes no pudo sentir otra cosa más que temor, temor de que otro “rey de los judíos” amenazara su posición de poder. Su temor generó hostilidad, algo que también podemos ver en el mundo de hoy. ¿Cómo podemos romper los ciclos de temor, hostilidad y violencia que vemos en el mundo de hoy?

José nos da otro modelo de comportamiento en su fidelidad a Dios. Tres veces en nuestra historia, José recibe mensajes de un ángel que se le aparece en sus sueños. “Huye a Egipto” (2:13). “Vete a tierra de Israel” (2:20). Que la familia vaya a la región de Galilea (2:22). Cada vez, José obedece. ¿Cómo podemos estar listos y listas para oír y obedecer la voz de Dios, la voz de los ángeles?

Protección y sufrimiento; esperanza y pesadilla

Es demasiado fácil oír esta historia y quedarse solamente con el hecho de que la fidelidad de Dios aseguró la protección de Jesús, o con la esperanza de que Dios va a ayudar a todos los y las fieles, de la misma manera en que ayudó a José, quien siempre se mantuvo fiel. Porque los mismos sueños en que el ángel se le apareció a José fueron también como pesadillas para él, y porque si bien la sagrada familia pudo escapar, hubo muchos otros que sufrieron.

Para tratar de asesinar a Jesús, Herodes “mandó matar a todo los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores” (2:16). Raymond Brown sugiere que, a pesar de las tradiciones que hablan de miles de muertos, es más probable que en “la matanza de los niños” haya habido más o menos veinte muertos.1 Pero sin importar que se trate de veinte o de miles, se puede imaginar el sufrimiento de las familias. “¿Por qué tanto dolor? ¿Por qué permite Dios tanto sufrimiento?”

Hubo una segunda “pesadilla” para José, el hecho de que Arquelao reinara en Judea en lugar de su padre Herodes, que había muerto (2:22). Sabemos que Arquelao fue un rey tan brutal que fue depuesto por Roma en el año 6 d. C., a petición de los súbditos que denunciaron que había mandado a matar a tres mil personas.2 “¿Por qué tanto dolor? ¿Por qué permite Dios tanto sufrimiento?”

Es probable que en el primer domingo de Navidad, el predicador o la predicadora no quieran tratar el tema de la teodicea, de “porqué Dios permite que suceda el mal,” pero por lo menos necesitamos admitir que hay retos en este texto, y que a pesar del amor de Dios, las acciones humanas pueden causar mucho sufrimiento – tal como volvería a suceder años después, con la muerte de Jesús.

Emanuel: Dios con nosotros

Frente al sufrimiento en el mundo, tal vez el mensaje más importante que Mateo nos imparte es que Jesús, Emanuel, “Dios con nosotros” (1:23), ha experimentado mucho del sufrimiento de la raza humana. Ya en sus primeros años Jesús, con su familia, ha experimentado amenazas contra la vida, se ha refugiado en exilio en otro país, y ha sufrido “desplazamiento interno” cuando la familia tuvo que regresar a Galilea y no a Judea. En el mundo de hoy, hay demasiadas personas que experimentan lo mismo, y que oran por la protección de Dios. Dios no va a prevenir todo sufrimiento, pero siempre podemos tener confianza en Emanuel, Dios con nosotros.

El cumplimiento de las promesas de Dios

Para la comunidad de Mateo era muy importante entender que Jesús era como un nuevo Moisés que había venido a cumplir las promesas de su Biblia (nuestro Antiguo Testamento). Por eso, Mateo incluye más citas y alusiones al Antiguo Testamento que cualquiera de los otros Evangelios.3 En nuestra historia, los sueños de José nos recuerdan el sueño del otro José en Génesis 37 y su interpretación de los sueños de otras personas en Génesis 40 y 41. El exilio y regreso de Egipto nos recuerda el Éxodo del pueblo de Israel. La cita de Oseas 11:1, “De Egipto llamé a mi Hijo” (2:15), muestra otra vez los paralelos entre la vida de Jesús y la historia del pueblo de Israel, que también fue llamado de Egipto. Después de la historia de la matanza de los niños, Mateo cita Jer 31:15, “Voz fue oída en Ramá” (2:18), palabras con las que el profeta Jeremías estaba hablando de los exiliados en Babilonia. Para Mateo era importante subrayar que Dios dirigió a la familia a Nazaret, “para que se cumpliera lo que fue dicho por los profetas” (2:23). Para nosotros y nosotras hoy es tal vez menos importante entender todas las alusiones al Antiguo Testamento que hace Mateo, y más importante en cambio entender que los planes de Dios se van a cumplir, a pesar de la hostilidad de los seres humanos. Muchas promesas del Antiguo Testamento se cumplieron en el nacimiento, vida, muerte y resurrección de Jesús, Emanuel, “Dios con nosotros.” Demos gracias a Dios.


 

1 Raymond Edward Brown, The Birth of the Messiah: A Commentary on the Infancy Narratives in Matthew and Luke (Garden City, N.Y.: Doubleday, 1977), 204-205.

2 Ibid., 207.

3 M. Eugene Boring, “The Gospel of Matthew,” NIB VIII:151-153.