< December 24, 2013 >

Comentario del San Lucas 2:1-14, (15-20)

 

En el capítulo 2 de San Lucas nos encontramos con la historia bien conocida y muy querida del nacimiento de Jesús “en un pesebre.”

El reto para los predicadores y las predicadoras es cómo ayudar a nuestros oyentes a escuchar la historia “por primera vez.” Si, con esto en la mente, tratamos de hacer exégesis más profundamente, nos encontramos con los problemas de la cronología y la historicidad, los cuales no son muy adecuados para presentar a la mayoría de las congregaciones en la víspera de Navidad. Cuando, por el contrario, nos adentramos en el pensamiento teológico de Lucas, vamos a ver una pregunta mucho más importante: ¿Qué clase de salvador, qué clase de rey, estamos esperando?

Cronología y contexto imperial en la teología de San Lucas

Nuestro texto en sí no causa muchos problemas de cronología – Cirenio (2:2) se hizo gobernador de Siria en 6 d.C., y llevó a cabo un censo en 6-7 d.C. El problema surge con San Lucas 1:5 (“Hubo en los días de Herodes, rey de Judea…”) dado que Herodes se murió en 4 a.C. Hay varias aproximaciones a este problema, pero, como dice Raymond Brown, aunque las fechas en San Lucas sean confundidas (y muchas veces nuestras memorias de fechas son poco confiables), “no hay necesidad ni posibilidad de reconciliarlas.”1 Lo importante para Lucas, y para nosotros y nosotras, es que el nacimiento de Jesús tuvo lugar en un contexto muy concreto de la historia de la humanidad: precisamente en el contexto del pueblo de Israel bajo el dominio del imperio romano. Es probable que el predicador o la predicadora puedan encontrar una resonancia entre esta situación y el contexto de “la iglesia” de hoy.

Augusto César – salvador de un imperio terrenal

“Augusto César,” (2:1) nacido con el nombre Cayo Octavio Turino, fue el primer emperador (27 a.C. – 14 d.C.) del imperio romano, y fue el fundador de la Pax Romana. Como explica Walter Brueggemann, Octavio no fue un tirano, y su imperio no era la “bestia” de Ap 13:5. Más bien, para mucha gente su reinado fue una época de paz y esperanza, y por eso el Senado romano lo autorizó a usar el cognomen “Augusto,” mientras que en varios monumentos se lo presentó como “Salvador.” 2 A pesar de la opresión que sufrieron muchos pueblos, era fácil poner la confianza en el emperador terrenal y su imperio. No obstante, más tarde, bajo otros emperadores, los sueños de la gente del imperio iban a convertirse en pesadillas. ¿En qué “imperio” – en qué sistema económico y/o político – tenemos confianza nosotros y nosotras hoy en día? ¿Tenemos sueños que van a convertirse en pesadillas?

JesuCristo –salvador de índole diferente

Este fue el contexto del nacimiento de Jesús. Sus padres, obedientes (así parece) a los edictos del imperio romano, llegaron a Belén, ciudad de origen de David, antepasado de José, el “padre terrenal” de Jesús (Lc 3:23-38). A pesar de la obediencia de sus padres al edicto del imperio, con este recordatorio de “la casa y familia de David,” hay justificación para pensar que Jesús iba a luchar contra el imperio romano para restaurar el poder de Israel. De hecho, cuando Lucas habla de las “nuevas” del ángel (Lc 2:10), usa la palabra euangellion, una palabra que se usaba en el imperio romano para describir la proclamación, por ejemplo, del cumpleaños del emperador romano.3 Pero Lucas nos presenta un salvador de índole muy diferente a la del emperador. Nacido de una madre humilde, una madre cansada después de un viaje de más o menos 85 millas (140 km) desde Nazaret a Belén, y sin espacio en el mesón, Jesús no se parece a ningún emperador ni “salvador” romano. Y la pregunta es: ¿Es Jesús el Mesías que queremos hoy? ¿O queremos, en realidad, poner nuestra confianza en un emperador de estilo romano?

¿Qué clase de salvador estamos esperando?

Entonces, el reto para todos nosotros y nosotras es escuchar esta historia “por primera vez.” Está bien escuchar la historia tan bonita y querida y consoladora que hemos escuchado cada año de nuestras vidas, y dar la bienvenida al bebé en el pesebre. Pero tenemos que recibir también el escándalo del Evangelio. En la Víspera de Navidad, estemos listos o no, el Salvador llega en la forma de un bebé débil y humilde y constituye un reto para todos los sistemas de poder en los que tenemos confianza.

  • ¿Qué clase de salvador estamos esperando?
  • ¿Estamos listos y listas para escuchar un recordatorio de que todos los sistemas de este mundo, los sistemas que nosotros y nosotras apoyamos, no van a servir para nada en comparación con la “salvación” que nos trae Jesús, a pesar de que llega con la debilidad de un bebé?
  • ¿Estamos listos y listas para aceptar el escándalo del Evangelio?
  • ¿Estamos listos y listas para creer que no obtendremos la paz a través de los imperios terrenales sino a través de este bebé?

El escándalo del Evangelio es que en Jesús, en este bebé débil y humilde, podemos tener una confianza y una esperanza eternas.


 

1 Raymond Edward Brown, The Birth of the Messiah: A Commentary on the Infancy Narratives in Matthew and Luke (Garden City, N.Y.: Doubleday, 1977), 548.

2 Walter Brueggemann, and Charles B. Cousar, Texts for Preaching: A Lectionary Commentary, Based on the NRSV (Louisville, Ky: Westminster/John Knox Press, 1995), 44.

3 Amy-Jill Levine and Marc Zvi Brettler, The Jewish Annotated New Testament: New Revised Standard Version Bible Translation (Oxford: Oxford University Press, 2011), 101 and 98.