< November 03, 2013 >

Comentario del San Lucas 19:1-10

 

Siempre sonrío al leer este relato del día en que Jesús conoció a Zaqueo.

Este pasaje me afecta de esta manera por dos razones. La primera es que me recuerda la cancioncita que aprendí de niño, como tantos niños estadounidenses, que se llama “Zaqueo era un hombrecito chiquito.” La segunda es una observación que hace unos años realizó mi primera profesora de Nuevo Testamento. Según ella, en la cláusula “era pequeño de estatura” (19:3) el sujeto del verbo es ambiguo en el texto griego. En griego—igual que el castellano y varios idiomas modernos—no es necesario explicitar el sujeto con un nombre o pronombre. Es decir, en el original griego de este texto de Lucas no se indica específicamente si el verbo “era” corresponde a Zaqueo o a Jesús. Las dos lecturas son válidas y “correctas.” ¡Puede ser que aquí San Lucas nos provea de la única descripción física de Jesús que se encuentra en todos los evangelios!

Contexto

En el capítulo anterior de San Lucas, Jesús sigue el camino hacia Jerusalén. Al acercarse a Jericó, Jesús sana un ciego y declara que su fe lo ha salvado (18:35-43). Luego la gente glorifica a Dios a causa del milagro. Ahora, “habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad” (19:1).

Jericó era un centro de comercio con bastante población y no es sorprendente que las noticias sobre la llegada de Jesús a la ciudad hayan sido de público conocimiento. Se congrega una multitud y un cierto Zaqueo no puede ver bien por la muchedumbre que hay. Por eso, se sube a un árbol para poder ver a Jesús cuando pasara por allí.

San Lucas nos informa también que Zaqueo no es un hombre común. Es “jefe de los publicanos y rico” (19:2). Pues no es solamente colaborador de los romanos por su trabajo como colector de impuestos, sino que es “jefe,” probablemente encargado de cierta región geográfica y de un equipo de publicanos. Zaqueo también es “rico,” y es probable que se haya enriquecido por engañar y aprovecharse de la gente. Por eso, al oír que Jesús pide hospitalidad a Zaqueo, los demás murmuran y lo llaman “hombre pecador” a Zaqueo.

Significado

El sentido de este episodio se aclara mucho con un análisis de la estructura del texto. Será útil un bosquejo para visualizar el desarrollo del encuentro entre Jesús y Zaqueo:

            A. Paso de Jesús por Jericó (19:1)

                        B. Estado de Zaqueo (19:2)

                                                C. Zaqueo busca ver a Jesús (19:3-4)

                                                            D. Jesús mira a Zaqueo e invita a Zaqueo (19:5)

                                                C'. Zaqueo responde a Jesús (19:6)

                         B'. Estado de Zaqueo después del encuentro con Jesús:  

                                    B'a. En palabras de la multitud (19:7)

                                    B'b. En palabras de Zaqueo (19:8)

                                    B'c. En palabras de Jesús (19:9)

            A'. La misión de Jesús (19:10)

En este bosquejo, el episodio se organiza por el lenguaje de movimiento, de visión, y de hablar. Revela una estructura quiástica que nos ilumina varios contrastes de acción y carácter.

Establecida la escena (A, 19:1), San Lucas nos presenta a Zaqueo (B, 19:2). En este momento, se define a este hombre solamente por su trabajo y, como se revela poco después (B'a, 19:7), tal vocación tiene implicaciones sociales. Pero Zaqueo—igual que la multitud—desea ver a Jesús (C, 19:3-4). A diferencia de la multitud, él toma una iniciativa concreta para poder ver al Señor: “corriendo delante, se subió a un sicómoro para verlo” (19:4).

El centro o clave del episodio se marca por la acción de Jesús (D, 19:5). Zaqueo se esfuerza por encontrar la manera de ver a Jesús, pero es Jesús quien mira a Zaqueo y le ofrece su presencia con un pedido de hospedaje. No nos sorprende la respuesta de Zaqueo—ya notamos que quiere ver a Jesús—pero es la reacción de la multitud lo que pone de relieve el cambio que se efectúa en la vida de este jefe de los publicanos.

Según las palabras de los demás (B'a, 19:7), la identidad de Zaqueo se define y se capta por su vocación. Por ignorar el cambio de Zaqueo, la multitud ha perdido la posibilidad de reconocer una experiencia del poder transformador de Jesucristo.

Sin embargo, las palabras mismas de Zaqueo dan testimonio de la transformación (B'b, 19:8). Si antes ha explotado a la gente, ahora promete al Señor que va a remediar todo. Sin que Jesús le ordene realizar un cambio, Zaqueo promete dar la mitad de sus bienes y cumple lo que el “joven rico” del capítulo anterior no pudo (18:22-23). Conforme con la Ley (Ex 22:1) resuelve pagar una restitución de cuatro veces el valor de lo que ha robado.

Entonces, las palabras de Jesús confirman el cambio. El Señor declara que “hoy ha venido la salvación a esta casa” y que Zaqueo “también es hijo de Abraham” (B'c, 19:9). De hecho, Él vino “a buscar y a salvar lo que había perdido” (A', 19:10).

La relación entre la vista y la fe es importante en este pasaje. No es por casualidad que aparece en el evangelio inmediatamente después de la sanación de un ciego (18:35-43). Las personas de la multitud—igual que Zaqueo—quieren ver y saber algo más de Jesús. Sin embargo, se les obstruye la vista por sus prejuicios hacia Zaqueo. Procurar ver a los demás de la forma en que ve Jesús es un aspecto imprescindible de la fe. Y esta fe activa se acompaña por la sanación y la salvación (18:42; 19:9).

Pertinencia

¿Quienes son las personas en medio de nosotros/as—adentro y fuera de los muros de la iglesia—que más anhelan acercarse a Jesús para ver su gloria y para que sus vidas se transformen?

¿Cómo y por qué les obstruimos y les negamos acceso?

¿Es por su estado social?

¿Su pasado criminal?

¿Podemos perder la presencia de Jesús por rechazar el arrepentimiento de otra persona?

La verdad es que por reconocer y afirmar a un “Zaqueo,” puede ser que recibamos a Jesús mismo.