< September 22, 2013 >

Comentario del San Lucas 16:1-13

 

El pasaje de Lucas 16:1-13 es uno de los más complejos del Nuevo Testamento.

Por eso, los eruditos bíblicos han propuesto una variedad de interpretaciones.

En términos del contenido, el pasaje puede ser dividido en varias secciones. En primer lugar está la parábola de mayordomo que fue acusado de derrochar los bienes de su amo (16:1-8). A esa parábola le siguen una serie de dichos de Jesús que interpretan la parábola resaltando varios aspectos pertinentes para la vida de los discípulos (16:9-13). Los dichos de Jesús en 16:9-13 pueden subdividirse en tres categorías principales. En primer lugar la exhortación a ganar amigos “por medio de las riquezas injustas” (ek tou mamona tes adikias) del v. 9. En segundo lugar la comparación entre la fidelidad en lo poco y lo mucho de los vv. 10-12. En tercer lugar la declaración sobre la imposibilidad de servir a Dios y a las riquezas al mismo tiempo del v. 13.

La parábola de quien en el v. 8 el amo llama “mayordomo malo” (oikonomon tes adikias) cuenta la historia de un mayordomo que es acusado de prodigar o derrochar los bienes de su amo (v. 1).1 En el tiempo de Jesús era muy común que los terratenientes vivieran en el extranjero y que dejaran la administración de sus bienes en manos de mayordomos o administradores locales. Como el amo le pediría que rindiera cuentas de su administración y el mayordomo se encontró ante la realidad de perder su trabajo, éste se propuso un plan para asegurar su futuro (16:2-4). Como en la parábola del hijo pródigo (15:11-32) y la parábola del rico insensato (12:13-21), Lucas ofrece una cita directa del pensamiento del mayordomo (16:3-4). Dado que no podía realizar trabajos manuales (“cavar”) y mendigar le daba vergüenza, el mayordomo recurre a una estrategia para ganarse el favor y el apoyo de sus deudores. Los dos ejemplos, el del deudor que debía cien barriles de aceite y el de quien debía cien medidas de trigo, ilustran la estrategia del mayordomo. A ambos les reduce la deuda: de cien barriles de aceite a cincuenta, y de cien medidas de trigo a ochenta.

Los eruditos debaten si la estrategia del mayordomo es otro ejemplo del derroche de los recursos de su amo. Esta perspectiva sostiene que la reducción de la deuda resultaría en pérdida de la ganancia del amo. Otra posibilidad es que la acción del mayordomo sea una acción en concordancia con las enseñanzas de las Escrituras que no permiten imponer intereses al dinero o comestibles adeudados por otro israelita (Deuteronomio 23:19-20). De esta manera, el mayordomo se ganó el favor de los deudores por su carácter y fidelidad a la Ley de Dios. Finalmente, es posible que la reducción de la deuda sea equivalente a la ganancia personal del mayordomo. Las ganancias del mayordomo eran en ocasiones exorbitantes, de manera que en este caso habría sacrificado su ganancia personal inmediata para ganarse el favor de sus deudores. Sea como sea, la acción del mayordomo tiene el propósito de asegurarse el favor de los deudores en el futuro.

El amo, en lugar de despedir al mayordomo como le había anunciado al comienzo (v. 2), reconoció su sagacidad y lo alabó por sus acciones. A pesar de que en la parábola el mayordomo es reconocido como “malo” (v. 8), la palabra que se traduce como sagaz (phronimos) es la misma que se utiliza para describir al hombre “prudente” que edifica su casa sobre la roca (Mateo 7:24) y al mayordomo “prudente al cual su señor pondrá sobre su casa para que a tiempo les dé su ración” (Lucas 12:42). La primera moraleja de la parábola contrasta la astucia o prudencia del mayordomo malo, que toma decisiones astutas ante la crisis de su futuro, con la supuesta falta de la misma en los “hijos de la luz.” El mayordomo malo reacciona adecuadamente ante la incertidumbre de su futuro. Aunque no está del todo claro en qué sentido se habla de “los hijos de la luz” en este texto de Lucas, la implicación parece ser que los hijos de la luz no se han dado cuenta de la realidad urgente de la hora, o no han respondido de manera adecuada al dilema del presente.

Una de las expresiones que hace que esta parábola resulte algo enigmática es la exhortación a ganar amigos por medio de las “riquezas injustas” (mamona tes adikias) con el fin de ser recibidos en las moradas eternas. Probablemente esta frase se refiere a la astucia del mayordomo para obtener el favor de sus deudores al reducirles las deudas. La palabra traducida como “riquezas” es la palabra aramea mamon, que en griego se convierte en mamona, y también es utilizada en los vv. 11 y 13. La exhortación puede ser contrastada con la actitud fútil del rico insensato, cuya avaricia no le permite ver más allá de lo inmediato (Lucas 12:13-21).

Los dichos sobre la fidelidad en lo poco y en lo mucho, así como la referencia a la fidelidad en la administración de las cosas ajenas, sirven para ilustrar la importancia de una escala de valores adecuada y en consonancia con los valores del reino. La administración de las finanzas debe estar al servicio del bien común, especialmente con miras a la justicia para con los pobres y débiles en la sociedad. Sólo compartiendo y distribuyendo con justicia se revela el verdadero sentido de la fidelidad a Dios.

El dicho final sobre la imposibilidad de servir a dos señores me recuerda al mayordomo de la parábola. Este mayordomo evidentemente no servía a dos señores. Su único señor era el interés personal; no el bienestar de su amo. En su malversación de fondos se servía a sí mismo y no a su Señor. Podemos entender la actitud del mayordomo como un ejercicio en la cual su seguridad y su futuro descansaban en su poder económico. En otras palabras su última fidelidad está en la ganancia (mamon) y no en Dios.

La obra El señor de los anillos (en su versión teatral) presenta el dilema del personaje Frodo, quien tenía la misión de destruir un anillo que prometía poderes a quien lo poseía. Sin embargo, la realidad era que quien se pusiera el anillo no se convertía en el señor del anillo, sino que el anillo se enseñoreaba de la persona. Esta obra me recuerda la frase final del Señor en esta porción de Lucas: “Ningún siervo puede servir a dos señores…. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (v. 13). Quien sirve a Dios por la ganancia, o por los posibles beneficios, no sirve a Dios sino a la ganancia. Esta es la peor forma de idolatría; caemos en ella cuando hacemos planes para el futuro simplemente en términos económicos, y pasamos por alto la confianza y la fidelidad al Señor que nos cuida como su “manada pequeña” (Lucas 12:32).



1 El verbo griego que se utiliza con el significado de “derrochar” (diaskorpizo) los bienes en el v. 1 (y que la versión Reina Valera 1995 convierte en el sustantivo “derrochador”) es el mismo que se utiliza para describir la acción del hijo pródigo en Lucas 15:13.