< July 14, 2013 >

Comentario del San Lucas 10:25-37

 

¿Qué está escrito en la ley y cómo lees?

Al encontrar en las calles de muchas ciudades de América Latina a líderes y comunidades de fe movilizadas para impedir el pleno ejercicio de los derechos de ciudadanía de grupos y personas descalificados por estigmas y prejuicios diversos, este diálogo y este relato adquieren una dimensión a la vez dramática y escandalosa. Es el enfrentamiento de dos escuelas interpretativas, que utilizan las mismas Escrituras y aun los mismos pasajes con objetivos y comprensión diametralmente opuestos. Es fácil coincidir en que tenemos que amar a Dios y al prójimo, pero lo que provoca al intérprete de la Ley para colocar a prueba a Jesús de Nazaret es el ilimitado y sorprendente amor de Dios que incluye, sin fronteras ni barreras, a todo ser humano. El amor de Dios se convierte en algo paradójico, difícil y escandaloso cuando Jesús lo define como tan inclusivo que ya no hay diferencias según el color de piel, la orientación sexual, o la pertenencia cultural o étnica. Las movilizaciones en contra de la ampliación de derechos a todas las personas cuestionan y enfrentan justamente esa inclusividad del amor de Dios. Al igual que en el tiempo de Jesús, existen hoy diversas jerarquías y liderazgos religiosos que no pueden aceptar esa ilimitada acogida a la que consideran una blasfemia según sus códigos de pureza y santidad.

Distinción entre ley y evangelio

Jesús de Nazaret distingue con precisión entre lo que está escrito en la Ley, es decir el aspecto literal, y la hermenéutica con la cual se la interpreta. No son lo mismo. En el v. 27 tenemos una selección de textos que piden el mismo amor y de la misma calidad tanto para con Dios como para con nuestros hermanos y hermanas de todas las condiciones. Esos textos estaban desde siempre en las Escrituras y en ellas siguen estando, pero el hecho de unirlos y de darles una prioridad sobre otros textos es lo sorprendente y lo renovador. No se buscan textos para atemorizar, juzgar o condenar, sino que se citan y se unen textos que nos hablan de un amor incondicional, sin barreras y sin exclusiones. He aquí el núcleo del debate.

Desde lo académico y teórico es fácil hablar del amor gratuito e inmerecido de Dios, pero al aplicarlo al hermano y hermana concreto establecemos una serie de reglas, reglamentos y estatutos que pueden tener el efecto de limitar el acceso a ese amor. El maestro en teología y Jesús de Nazaret han utilizado los mismos textos, pero con comprensión y aplicación diferentes.

Comedia

Sabemos que este diálogo es una comedia y que no existe un verdadero interés del maestro de la Ley en conocer las dimensiones del amor a nuestro prójimo y en especial al prójimo estigmatizado a las cuales nos llama el amor de Jesús de Nazaret. Es por ello que la pregunta “¿Y quién es mi prójimo?”, espera de parte de Jesús una respuesta que excluya claramente a algunas personas y a ciertos grupos de la condición de prójimo. Es el reclamo de las comunidades y líderes de fe que se manifiestan hoy en muchas calles de América Latina para que a determinadas personas y grupos no se les considere con los mismos derechos con los mismos nombres de los cuales ya gozan los grupos considerados políticamente y teológicamente correctos.

Si queremos recobrar el escándalo original del relato del buen samaritano tendríamos que, en una adaptación contemporánea, pensar en el Jesús de Nazaret presentando ejemplos tomados desde las zonas marginadas de América Latina. Es Jesús quien nos pone como ejemplo de la total misericordia a la acción realizada por alguien a quien los códigos de pureza ritual excluían de la condición de prójimo por diferente y extraño. Si logramos pensar en esa dirección habremos encontrado el escándalo buscado por Jesús de Nazaret.

Tanto el sacerdote como el levita tienen muchos textos que podrían justificar su actitud: la necesidad de conservar su pureza ritual para cumplir sus funciones. Pero también sabemos que existen una misma cantidad de textos interpretados de otra manera que les hubieran permitido actuar de otro modo. Nada justifica su ceguera. Tanto el sacerdote como el levita han sacralizado estructuras que les dificultan ver la situación de vulnerabilidad de personas y grupos. Su teología hace invisible las necesidades de promoción de muchos grupos vulnerables al estigma y la discriminación. Han transformado rituales y ceremonias en estructuras sagradas sin relación con las necesidades del prójimo. También hoy hemos creado nuevos sábados que en una rigurosa observancia nos impiden considerar que podemos actuar de forma alternativa, profética y transformadora de situaciones de injusticia.

Una buena noticia transgresora

En lugar de anunciar una buena noticia a las y los oprimidos, optamos por anunciar infiernos muy temidos y denunciamos alianzas demoníacas que fundamentan todos los miedos y todos los Apocalipsis que nos permiten defender lecturas y hermenéuticas que desconocen la dignidad y calidad de personas a quienes nos cuesta considerar como nuestros prójimos y como prójimos de Dios. A todas y todos ellos los hemos enviado directamente a todos los infiernos y sobre ellos y ellas hemos pronunciado las más solemnes y pontificales condenas, y con esas condenas pensamos que hemos obedecido la voluntad de Aquel que se ha hecho vulnerable para liberarnos de todas nuestras exclusiones.

Evangelizados desde los márgenes

Lo sorprendente es que aquel considerado como impuro y descalificado de toda dignidad es quien puede enseñarnos justicia, equidad y solidaridad. Es muy posible que los modelos de conductas que constituyen al otro o la otra en mi prójimo y prójimo de Dios nuevamente no vengan ni de sacerdotes ni de funcionarios eclesiásticos, sino de quienes son estigmatizados y descalificados por los discursos de las diversas ortodoxias teológicas que no cumplen la voluntad de Aquel que nos invita a proceder de la misma forma en que ha actuado el samaritano vulnerable al estigma.

Oración Comunitaria

Fundamento de toda comunión, te damos gracias por sembrar con renovada esperanza en nosotras y nosotros la semilla de tu Palabra, siempre provocativa, siempre desafiante. Por tu Espíritu de santidad ayúdanos a recibir esa esperanza en la justicia y la equidad con alegría, sin temor alguno y sin reservas mentales, para que podamos vivir conforme a ella y crecer en la fe y en un amor que nos transfigura y que nos hace cada día más prójimo de quienes nos rodean, especialmente de quienes nuestras comunidades estigmatizan. Te lo pedimos por tu Hijo que siempre nos pide que procedamos de acuerdo con ese amor que todo lo incluye. Amén.