< July 28, 2013 >

Comentario del San Lucas 11:1-13

 

No nos dejes caer en la tentación

Muchos de nuestros libros de liturgia y colecciones de oraciones son un claro ejemplo de la permanente necesidad que tenemos de maestros y maestras de oración. Una y otra vez necesitamos regresar a las fuentes y los modelos de plegarias que nos protejan de caer en la tentación de alejar a Dios de nuestra realidad. Mientras que Jesús de Nazaret intenta mostrarnos que hay una presencia en nuestra vida cotidiana, con nuestras muchas palabras vanas pareciera que pretendemos colocar a Quien nos incita al diálogo en la distancia. Mientras que Jesús nos enseña a dialogar con Aquel que se hace prójimo en una perspectiva casi infantil, porque en la palabra “Padre” se esconde la forma coloquial y doméstica de la forma en que un niño pequeño llama a su padre en la intimidad, hay quienes han rodeado el nombre de Dios con palabras como “Omnipotentísimo Señor”, “Poderoso Dios” y para culminar con “Padre Celestial” colocándolo en una dimensión desconocida y lejana. ¡Que Dios no nos deje caer en esta tentación!

La oración y el método de ver, juzgar y actuar

La oración nos introduce de pleno en una determinada perspectiva de “ver, juzgar y actuar”. Tenemos que evitar caer en la tentación de transformar nuestra vida de oración en una presentación académica e intelectual de abstracciones teológicas. También tenemos que evitar caer en la tentación de pensar la vida de oración en una perspectiva mágica. No somos los dueños del Cristo que sana y salva y no podemos transformar a Dios en un títere de nuestras oraciones. Debemos pedir a Dios que no nos deje caer en la tentación de considerarnos los dueños de sus tiempos y de sus milagros. No podemos transformar el accionar profundamente político de Dios en una mera acción individual y en una espectacular manifestación de lo maravilloso.

Cuando vivimos la oración nos metemos en lo profundo del “ver” esta realidad concreta posible de ser perfeccionada. La vida contemplativa es la que nos permite considerar en forma descarnada y sin máscaras el “juzgar” las dificultades y obstáculos que impiden que el Reino venga y que la voluntad de Aquel que se hace historia se cumpla. Toda vida real y genuina de oración termina en una acción transformadora que supera todo asistencialismo. La oración nos lleva a “actuar” de acuerdo con el plan del Reino que queremos que venga.

La oración y la perspectiva cósmica

Esta oración que llamamos el “Padrenuestro” nos coloca en primer lugar en una perspectiva despojada de todo lenguaje barroco que han alejado siempre a Dios y en la dimensión de lo cotidiano, en el centro mismo de nuestra vida diaria. Esa dimensión es profundamente social, superadora de todo individualismo. Nos invita a levantar la mirada de lo personal y privado para contemplar la acción del Reino que necesariamente va más allá de nuestras necesidades particulares para adentrarnos en las de todo el mundo en una perspectiva cósmica. El Padrenuestro tiene siempre esa dimensión totalizadora y global donde nada ni nadie queda excluido o excluida, en especial las personas más vulnerables a la opresión y al estigma.

Bautismo y renovación de la santificación

La santificación del nombre de Dios no se realiza con un desfile pomposo de palabras que ya hoy nadie utiliza y que pareciera que cuanto más largas más santidad destilan. La santificación del nombre de Dios se realiza con la implantación de la equidad y la justicia en nuestras relaciones humanas. Esa santificación es la renovación cotidiana del compromiso del bautismo en el cual renunciamos a las tentaciones pomposas de este orden injusto y asumimos la tarea de ser promotores de paz, justicia y equidad. Esa es la santificación en perspectiva social que abarca pero supera todo sentimiento de santificación privada y personal. No puede haber santificación personal sin esa dimensión comunitaria.

Venga tu Reino

El pedir cada día que venga el Reino es consecuencia inmediata de la acción de santificación del nombre de Dios. Una y otra son equivalentes. No se puede dar el uno sin el otro. También esta es una renovación cotidiana de nuestro compromiso bautismal de ser agentes en el establecimiento de esta dimensión donde la soberanía es inclusiva e incondicional y está fundamentada en la gracia totalizadora de Dios. Esa santificación y ese Reino necesitan de agentes transformadores en acciones fundadas en un ver y juzgar desde esta perspectiva.

La comunidad que es perdonada para perdonar

Perdonar es siempre difícil para la comunidad que asume el hambre y las necesidades de las y los hermanos que son ignorados y olvidados por los sistemas que viven con reglas totalmente opuestas a los valores del Reino y a cualquier signo de fraternidad inclusiva. Pero este perdón difícil nos abre la mente y el corazón para mirar desde esta perspectiva a todos los seres humanos. El abrazo de la paz que repetimos cada domingo al terminar el Padrenuestro en la Gran Plegaria Eucarística (por razones teológicas este es para mí el momento y lugar de la liturgia en que debe compartirse “la paz,” pero la rúbrica puede variar según la iglesia de que se trate) es el signo visible de este compromiso bautismal. La legitimidad de nuestras mesas está fundamentada en esta reconciliación que hace de nuestras comunidades espacios radicalmente inclusivos.

Conclusión: Redimir es liberar

Todas estas acciones tienen riesgos y son parte del camino de la cruz. La santificación del nombre e identidad de Dios necesita de agentes promotores, la voluntad de Dios para cumplirse necesita de obreros y obreras, la reconciliación y el perdón comunitario necesitan de gestos visibles de comunión. La gran tentación en la que no podemos caer es la de pensar que promover justicia, equidad e inclusividad se puede realizar sin correr graves riesgos de cruz. La tentación en la que no queremos caer es pensar el Padrenuestro en perspectiva privada sino que queremos ser liberados para pensar en la dimensión política, comunitaria, global y revolucionaria que significa el mirar esta realidad cotidiana, familiar, y concreta con los ojos del niño y de la niña que mira a Aquel que es fuente de unidad como el amigo que camina a nuestro lado y que nos permite ver, juzgar y actuar solamente por la mediación del  partir el mismo pan y compartir la misma mesa en el mismo espacio.

Oración comunitaria

Fuerza en la que encontramos unidad, donde las diversidades se encuentran para trabajar por un mundo más justo y comunidades de fe más inclusivas. Concédenos el don de ver y discernir tu presencia y tu voluntad. Ayúdanos a juzgar con claridad los nudos de conflictos, a ponerles nombres a esos obstáculos y encontrar en tu mirada los puentes y caminos de diálogo. Acompáñanos en toda acción que transforma las crisis en oportunidades, los conflictos en posibilidades, y los problemas en respuestas construidas en comunidad. Tú nos llamas a ser esa comunión que se atreve a ver para discernir tu presencia, a juzgar para planificar siguiendo tu voluntad, y a actuar para transformar el pan cotidiano, que clama por tu Reino, con sed de perdonar y ser perdonados, para no caer en la tentación de condenar y excluir. Porque el Reino de la paz en justicia te pertenece, la Gloria de la Cruz nos une en lazos de paz y el Poder se pone al servicio de tu voluntad. Ahora y siempre. Amén.