< December 24, 2012 >

Comentario del San Lucas 2:1-14, (15-20)

 
Estos pasajes son muy significativos para el cristianismo.

Los mismos nos presentan tres escenarios, que de forma secuencial narran uno de los hechos más extraordinarios de la historia humana.

En la primera escena aparece una familia común, que busca cumplir con requisitos políticos que tienen que ver con su existencia social en un determinado lugar, el empadronamiento. La necesidad insoslayable del ser humano de pertenecer a un lugar y sentirse legalmente establecido para tener sentido existencial de pertenencia.

Al abrirse de nuevo el telón, aparece la misma familia buscando satisfacer otra necesidad básica, la de techo o abrigo para no perecer frente a las intemperies. La misma es insatisfecha debido a la escasez de techo en Belén de Judea, y obliga a la pareja a hospedarse de emergencia en un pesebre, porque además, la mujer está encinta, y empiezan los dolores que avisan el alumbramiento. El lugar dispuesto para apacentar animales ahora se convierte en techo y abrigo de la pareja que está en espera de su primogénito. Todo se muestra tranquilo; al parecer todos descansan mientras sucede la dolorosa y apasionante escena en el pesebre. Sin embargo, no es cierto que todos descansen, mientras María sufre los dolores de parto y José se encuentra desesperado ante esta situación.

Aparece una tercera escena, donde grupos de pastores guardan las vigilias de la noche; a ellos que sufren también las inclemencias de la noche, se les anuncia el nacimiento del Hijo de Dios. Un enviado divino, acompañado por huestes celestiales, exclama: “No temáis, porque yo os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.”

 Tenemos que ver tras el manto, y preguntarnos porqué era una noticia de tanta magnitud. Durante muchos siglos el pueblo había tenido la expectativa del advenimiento de un Mesías. Un ungido que inauguraría la era dorada de libertad, paz y bonanza. Esta solamente había sido representada por la persona más paradigmática de todos los tiempos, el Gran Rey David. La esperanza mesiánica había sido aprovechada por los diversos grupos religiosos y políticos; algunos con muy buenas intenciones y otros aprovechando la añoranza del pueblo, se habían adjudicado para sí el título de Mesías. Desde el Período Intertestamentario, hasta la fecha del advenimiento del Mesías, un sinnúmero de personajes habían desfilado frente al pueblo, acreditándose como los salvadores. Pero solamente habían provocado la ilusión y el entusiasmo, dejando al pueblo cada vez más frustrado. Ahora era diferente. El anuncio dado por un ser sobrenatural, acompañado de huestes celestiales, era una evidencia de que ese Mesías no sería un falso más. A esto se le sumaba la señal indiscutible, que justamente en el pesebre muy próximo a ellos encontrarían: al ansiado Mesías recién nacido y aún en pañales.

La frase usada en el original griego para describir la noticia es evangelizomé jumín charán megálen que comúnmente es traducida como “nuevas de gran gozo.” En ella se utiliza la raíz de la palabra “evangelio” o evangelión que significa dinamita, poder, noticia y respuesta, y estas noticias serían de charán megálen, o sea, “de gran gozo.” Al unir estas cuatro palabras, se está indicando que la noticia traerá gozo desbordante producido por la gracia de Dios. Por eso se utiliza a propósito la palabra Chará (gozo) derivada del término Charis o gracia, según la cual el ser humano se hace acreedor de un don inmerecido y Dios sana la relación con el ser humano por un amor libremente otorgado.

El contexto en el que se da la noticia del nacimiento del Mesías es un contexto abominable, donde el ser humano no tiene valor en sí mismo. Su valor lo adquiere de los prejuicios de la tradición. Son muchos los desechados por los estándares culturales. La gente vale por lo que aparenta, su posición social, religiosa y género. Los niños, las mujeres, los que tienen un defecto físico, son desechados. La doctrina de la pureza e impureza ha desplazado una gran parte de los seres humanos. La mujer es una de las más perjudicadas, pues ella siempre estará impura debido a sus flujos naturales. Lo más seguro es que María no haya sido aceptada en el mesón porque está a punto de dar a luz y eso puede contaminar a todos los que están dentro. Asimismo, aquellos que están en contacto con cuerpos muertos, como los pescadores, no caben en esta sociedad. El ser humano debe su salvación a los méritos que pueda obtener de su posición; por eso la noticia anunciada por el ángel será una dinamita para aquella sociedad, que hará tambalear las mismas estructuras.

El gozo (Charán) que viene es producido por la gracia (Charis) de Dios, por sus favores inmerecidos. El énfasis es que será de gran gozo, pues no se necesita mérito alguno para entrar en ese grupo privilegiado, por eso es para todo el pueblo (pantí to laos). Como no es por méritos, todos y todas tienen derechos legales para disfrutar de ese don. El Salvador ha nacido para beneficio de todos y todas. Ese Mesías es un sotér, o “Salvador” diferente al resto porque además de ser “Cristo” o ungido, viene con el apelativo de Kyrios, “Señor”, es decir, supremo en autoridad para realizar lo que justamente promete. La gran noticia es para todo el pueblo; nadie queda fuera del proyecto de Dios. El anuncio divino del nacimiento del Mesías nos asegura que hay espacio para todos y todas. La gran paradoja es que no se encontró lugar para ellos en el mesón, pero en el proyecto que el Mesías inaugura, hay espacio para todos y todas, no importa color, etnia, posición social y género. Así, el pasaje cierra con la gran declaración “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”, porque la inclusión no depende de los seres humanos o de la cultura sino de la buena voluntad de Dios. ¡A Él sea la Gloria!