< January 01, 2012 >

Comentario del San Lucas 2:15-21

 

Paz después de la tormenta

El pasaje del Evangelio según San Lucas para este domingo empieza muy apropiadamente inmediatamente después de que la multitud de ángeles ha dejado a los pastores al haberles dado la noticia del nacimiento de Jesús. De una forma similar la iglesia que recibe esta historia el primer domingo del año lo hace al final de una larga jornada de celebraciones, visitas y mucho ajetreo. El pasaje empieza con los pastores una vez más en familia, en el silencio de su campo desolado. Las multitudes se han ido y lo que queda, aparentemente, es la paz después de la tormenta. Sin embargo es evidente inmediatamente que los pastores han entendido el mensaje y no pierden tiempo en tomar acción. "Vamos a Belén, a ver esto que ha pasado y que el Señor nos ha dado a conocer." Aunque es difícil discernir lo que los pastores estaban pensando no parece que la prisa que tenían en ir a ver lo que ha pasado tuviese otra razón aparte del deseo de ver lo que ya tenían dado por sentado (S. Lucas 2:11). Su fe en lo que el ángel les dijo era tal que llevo a estos pastores a dejar su trabajo e ir en búsqueda del Salvador, que es Cristo el Señor.

No es muy difícil imaginarnos ese viaje a Belén. Todos van juntos, muy emocionados repasando con emoción el encuentro con la multitud de ángeles con todo lujo de detalle. Me pregunto si esa emoción rompió la paz y silencio del humilde pesebre en una forma similar a como la multitud de ángeles rompió el silencio y paz del campo en el que esos mismos pastores estaban cuidando a sus ovejas.

Un nacimiento común celebrado por personas "comunes"
La noticia dada por un ángel a los pastores en el versículo 11 de este mismo capítulo aparenta hacer un contraste completo con la escena en la que pastores llevan la noticia a un humilde pesebre. ¡El anuncio dado por un ángel rodeado de una multitud angelical y la luz de la gloria del señor habla de un Salvador que es Cristo el Señor mismo! En cambio en el pesebre la noticia es dada a una humilde pareja, ni siquiera en una casa, por pastores, sin coro angelical ni luz celestial. Sin embargo, estos pastores, de quienes ni siquiera sabemos sus nombres, se vuelven el coro angelical que anuncia las buenas nuevas a los presentes. "Y cuantos oyeron se asombraron de lo que los pastores decían" (v. 18).

No solamente nació Jesús en una forma muy humilde sino que también el anuncio de su nacimiento fue dado a uno de los grupos más humildes del mundo en el que nació. Durante el tiempo de Lucas los pastores eran uno de los grupos en los niveles más bajos de la sociedad. La naturaleza de su trabajo les hacía imposible mantener la pureza ritual requerida por las autoridades religiosas para mantenerse como miembros dignos de la sociedad. Por lo tanto los pastores vivían en la periferia de la sociedad y su estado impuro les hacia presa fácil para acuso de los males sufridos por todos. Sin embargo San Lucas, en el espacio de tres versículos nos muestra a un grupo de pastores sin nombre capaces de llevar en sí el mensaje dado por un coro angelical. ¿A qué grupo en nuestra comunidad estamos ignorando por motivo de su posición en nuestra sociedad?

Un nombre sin importancia
Durante el imperio Romano en el tiempo en el que nació Jesús un nombre de herencia Romana abriría muchas puertas a lo largo y ancho del imperio. Similarmente, un buen nombre Judío abriría puertas por toda Judea. Jesús no tuvo ninguna de esas ventajas. De hecho, el nombre con el que fue bautizado era uno de los nombres más comunes en la época y lugar donde él nació. El nombre Yeshua del cual recibimos Jesús por medio de la traducción griega fue tan común que arqueólogos han descubierto más de 70 tumbas con el nombre Yeshua provenientes del tiempo de Jesús. Este nombre incluso aparece 30 veces en el Antiguo Testamento incluyendo un descendiente de Aarón (2 Crónicas 31:15) y un cautivo de Nabucodonosor (Esdras 2:2). Nada de su nombre daba indicación de la divinidad que existía dentro de su ser.    

Cuando nosotros oímos el nombre Jesucristo el trae con sí una historia muy larga y el apoyo sin par de las Sagradas Escrituras. Lo cual nos hace difícil remontarnos a los tiempos en los cuales encontramos a María y José visitados por los pastores en un humilde pesebre la noche en que el nació. Y como si no fuera suficiente también escuchamos este pasaje una semana después de haber celebrado su nacimiento. Ya desde el principio tenemos varias capas de tiempo, conocimiento y cultura que oscurecen lo extraordinario que San Lucas nos describe en esta historia. El hijo de Dios ni siquiera nació en una casa, su nacimiento fue atendido por sus padres y otras personas de las cuales nos enteramos porque San Lucas nos dice que todos los presentes se asombraron al oír lo que los pastores les dijeron. Nadie de importancia en esa sociedad estuvo presente. ¿Qué mensaje nos deja el humilde nacimiento de Jesús a nosotros en un mundo constantemente preocupado por ser "importante"? 

¿Qué nombre proclamamos?
¿Al celebrar el nombre de Jesús que es lo que estamos celebrando? San Lucas nos dice que los pastores regresaron a sus pastos proclamando la noticia que habían recibido. ¿Qué diremos nosotros al regresar a nuestra vida normal después de estas navidades? ¿Proclamaremos el Jesús que nació en un humilde pesebre a lado de personas desechadas por la sociedad precisamente por el amor que nos tiene, especialmente a los desechados por la sociedad? O, ¿proclamaremos el bello bebé Jesús que nos trae alegría, familia y regalos durante un mes al año sin requerir cambios de nuestras vida?