< December 04, 2011 >

Comentario del San Marcos 1:1-8

 

¿Está la Iglesia preparando el camino para la manifestación de Dios?

Esta es la pregunta que el texto para este Segundo Domingo de Adviento nos presenta. Así como Juan el Bautizador preparó el camino para la manifestación de Dios en la persona de Cristo, la Iglesia está llamada a preparar el camino para que Dios se manifieste hoy.

El evangelio de S. Marcos comienza con la proclamación de Juan el Bautizador. El escritor nos indica que estas son las buenas nuevas -- evangelión en griego -- de Jesús, quien es proclamado el Ungido de Dios -- Christos -- y quien es a la vez el Hijo de Dios. Estos primeros versos del evangelio de S. Marcos están llenos de posibilidades para la persona que predica este domingo. Cada palabra, cada movimiento dentro de esta perícopa está llena de mensajes a los que la predicadora o el predicador pueden hacer alusión.

El mensaje del profeta
Es notable que el escritor del evangelio tome de dos profetas, Isaías y Malaquías, para hacer de estas dos profecías una sola. El texto de S. Marcos 1.2 proviene de Malaquías 3.1, mientras que el texto de S. Marcos 1.3 proviene de Isaías 40.3. Es imposible saber porqué S. Marcos atribuye ambos textos a un mismo profeta. Sin embargo, esta práctica nos revela algo interesante de las comunidades cristianas primitivas. Estas comunidades leían la historia de Israel a través de los ojos de la historia de Cristo.

Quizás esto nos permita explicar porqué para S. Marcos es más importante el contenido de la historia profética que la procedencia de tales profecías. Para el escritor del evangelio lo importante era que la profecía ha sido cumplida en la persona y mensaje -- evangelión -- de Jesús. Cualquier predicador y predicadora de nuestros días hará bien en mantener esto en mente a la hora de preparar su mensaje para la congregación. Nuestra lectura de la voz profética ha de hacerse a la luz del mensaje y la manifestación de Cristo.

El mensaje de Juan el Bautizador
Comúnmente conocido como S. Juan Bautista, este personaje es quien abre el camino para la gran historia de Jesús. El rol que cumple S. Juan es el de preparar el camino para la manifestación de Dios en la persona de Jesús. En este sentido, Juan utiliza una práctica común entre las comunidades judías para identificar la limpieza y renovación; la inmersión de la persona en agua. La palabra griega baptizo significa sumergir. Independientemente de las prácticas bautismales de nuestras denominaciones contemporáneas, lo importante señalar en este comentario es el poder de la simbología de tal práctica.

Al utilizar la inmersión de la persona, Juan hace uso de una práctica judía, el mikveh. Esta práctica es un baño ritual en el cual las personas atestiguan de su pureza luego de haber pasado por alguna situación impura, que no le permite participar de las actividades religiosas de su comunidad. En este sentido, Juan hace uso de uno de los rituales judíos para proclamar su propio mensaje de una limpieza purificadora que la manifestación de Dios entre las personas ha de traer.

Más aun, el bautismo o ritual de limpieza que Juan utiliza es asociado con una completa transformación de la persona. Según S. Marcos 1.4, este bautismo era "el bautismo de arrepentimiento [metanoia] para perdón de pecados". La palabra metanoia que es utilizada por el escritor nos indica que este baño ritual era para evidenciar la transformación absoluta que las personas han de experimentar.

El camino a prepararse
¿Qué camino está preparando Juan? Según el texto, viene tras de Juan "el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar, agachado, la correa de su calzado..." (S. Marcos 1.7b). Juan es solo la persona con la responsabilidad de preparar el camino, pero no es el camino. La manifestación de Dios no es Juan, sino alguien que viene tras de él y a quien Juan le debe honor.

Pero, ¿qué es lo que esta persona ha de traer? Este es el mensaje del Segundo Domingo de Adviento. Cristo, la manifestación de Dios en carne, ha de traer la posibilidad de vivir una vida sumergida en la presencia del Espíritu de Dios. Como nos recuerda Juan el Bautizador, "pero él os bautizará con Espíritu Santo". Si recordamos, la palabra baptizo significa "sumergir" por lo que podemos entonces concluir que Jesús nos invita a sumergirnos en la presencia del Espíritu Santo de Dios. Es éste el mensaje principal de esta perícopa; que Dios ha de ofrecernos la oportunidad de ser sumergidos y sumergidas en la continua presencia del Espíritu.

Conclusión
Durante este Segundo Domingo de Adviento, la persona que predica tiene la oportunidad de llamar la atención de la congregación a reflexionar en dos oportunidades.

Primero, si estamos haciendo lo necesario para preparar el camino que conduce a la manifestación de Dios en la persona de Jesús. Hará bien la predicadora y el predicador en explorar la forma en la cual nuestras congregaciones han trabajado -- o dejado de trabajar -- para que Dios se manifieste entre el pueblo. ¿Hemos actuado con justicia y amor? ¿Hemos cultivado amistades en las comunidades en las que servimos? ¿Hemos tomado tiempo para callar y dejar que nuestras acciones de justicia y solidaridad sean nuestras voces? Estas son buenas preguntas que se pueden atender este domingo.

Segundo, podría el predicador y la predicadora hacer un llamado a la congregación a experimentar la vida sumergida en la presencia continua del Espíritu de Dios. Siendo que Adviento es el tiempo de espera por la manifestación de Dios en carne, ¿hemos experimentado tal manifestación en nuestras vidas a través del Espíritu? No hablamos aquí de expresiones emocionales, sino de una verdadera convivencia, diaria, en la presencia del Espíritu de Dios. Esta es la manifestación continua de Cristo en nuestras vidas y la que nos ayuda a vivir como hijos e hijas de un Dios que aun hoy día se manifiesta y camina con su pueblo.